El Mirón 6
Hubo un antes y un después con la llegada de Uli a nuestras vidas. Siempre me pareció un buen muchacho con ideas algo locas que hacían reír a Gabriela y a mí tirarme de los pelos. Había días en los que pensaba que estaba como una puta cabra y otros en los que me parecía un chico sensible y cariñoso, sobre todo con mi hija. Sólo cambiaba de expresión cuando hablaba de Pieter, su “viejo”. Al principio creí que lo despreciaba pero luego comprendí que lo que realmente sentía por su padre era miedo, mucho miedo. Y motivos no le faltaban. Entablamos los tres lo que podría llamarse una relación abierta, como su filosofía de la vida: el placer por encima de todo. El muchacho venía a nuestra vivienda cuando le apetecía desahogarse con Gaby. A veces lo llamábamos para rodar alguna de nuestras sesiones pornográficas; no había rutinas ni compromisos. No hacía falta excusas para justificar sus ausencias y más de una vez tuvo que esperar en su furgoneta a que Gabriela yo ...