El manjar del albañil "el inicio"
El Espacio de las Pequeñitas… :3 …
Hola buenas tardes queridos amigos de la página veo que
muchos han puesto historias de sus experiencias y quisieras contarles la mía.
Me llamo Octavio, tengo 30 años, vivo en la Ciudad de
México y estoy casado con una maravillosa mujer, se llama Mariana es dos años
menor que yo (28 años) y tenemos a una hermosa niña Laila de 6 años.
"Para que les sea fácil poder imaginar me describiré
y a las personas que estarán en el relato", para empezar no soy tan alto,
estoy a la estatura por decirlo normal, soy de piel blanca, delgado aunque hago
mucho ejercicio y eso me permite estar saludable, mi cabello es de color
castaño obscuro, mis facciones de la cara son algo finas así que diré que estoy
entre lo feo y lo guapo, mis ojos son de color café miel y creo que es
suficiente para describirme.
Esta historia se enfoca en el albañil de la familia al
cual le decimos maestro Beto, él es un hombre rondando por los 45 casi 50 años
de edad aunque si quieren algo fijo pues no sé, nunca le he preguntado su edad,
a pesar de tener los años encima se conserva bien pero es debido a su trabajo,
es un poco gordito, yo digo que tiene pansa de chelero ja,aj,aj, pero en fin,
en su cara se nota que es de pueblo con su bigote y barba al estilo de
cantinflas, es chaparrito a ni me llega al hombro y eso que yo no estoy tan
alto.
Como fue que lo conocí?.
, bueno es sencillo mis abuelos lo conocieron y al hacer
su trabajo bien y ver que es eficaz se quedó como el albañil de la familia, mis
padres también lo llamaban si se tenía que hacer alguna remo-delación, ahora al
tener mi propia familia pues siempre podíamos contar con él, en cualquier
situación, pero desde un día todo lo que yo admiraba de él y veía como un mundo
color de rosa se desvaneció.
Empezó en un domingo, cuando Mariana me dijo que teníamos
que re-modelar el baño.
— Mariana: Octavio hay que re-modelar el baño estos
azulejos están ya muy feos además se ve que hay acumulación de humedad.
— Yo: Lo se mi amor y no te preocupes, hablare con el
maestro Beto para que venga a arreglar el baño.
Tal y como dije hable con el maestro Beto para acordar el
día y organizar los tiempos en la familia.
— Yo: Maestro Beto?, hola que tal soy Octavio, quisiera
saber si podría venir a re-modelar el baño, si es así cuando podría venir?.
— Maestro Beto: Mire yo podría empezar desde el lunes si
usted gusta.
Obviamente me pregunto si tenía ya todos los materiales,
etc, a lo cual asentí, lo que restaba de la semana la pasamos organizando,
moviendo las cosas del baño para que el maestro pudiera trabajar, hasta que
llego el día lunes mi hija no tenía clases porque su maestro se enfermó así que
se quedaría conmigo pero el día no resulto como se había planeado.
Había pedido el día para poder estar a la disposición del
maestro pero una llamada de emergencia me llego diciendo que tenían una junta
muy importante y era necesario mi presencia, el problema no era tanto que el
maestro se quedara soló ya que teníamos mucha confianza en él, si no mi hija es
algo inquieta y temía que le fuera a provocar problemas al maestro y que se
fuera a lastimar con algo.
Le comente a mi esposa sobre la llamada, claro ella puso
su cara de enojo pero que se le puede hacer era trabajo, a causa del tiempo no
había disponibilidad de algún familiar que pudiera venir o recibir a Laila y
cuidarla, no sabíamos qué hacer cuando a mí esposa se le ocurre una idea.
— Mariana: Oye mi amor? , Tardaras mucho en la junta?.
— Yo: No lo sé mi amor por?.
— Mariana: Se me ocurrió que podremos dejar a Laila un
rato con el maestro mientras regresas, además recuerdo que ya se había quedado
con anterioridad a cargo del maestro.
La idea no fue tan mala pero él maestro estaría más al
pendiente de su trabajo pero no había opción y acepte la proposición.
Así entre mi esposa y yo quedamos en la siguiente
estrategia.
–Yo: Entonces debes irte, ya que tienes más urgencia que
yo, el maestro no debe tardar y cuando llegue le contaré la situación y que se
quede un rato con Laila mientras regreso.
Mi esposa acepto y sin perder más tiempo del debido se
despidió.
Cuando Mariana se marchó yo seguía preparando mis cosas
para irme a mi trabajo entonces miro el reloj y ya casi era hora de que llegara
el maestro Beto, llame a Laila, ella respondió rápido a mi llamado.
– Laila: Si papi…?
“haciendo una pequeña pausa a mi historia describiré a mi
pequeña, Laila es una hermosa niña de 6 años como dije anterior mente, su
estatura estándar, delgada, su cabello llega un poco por debajo de sus hombros
y es de color rubio obscuro, su piel es
clara como la leche, lo que más deleita de ella es su preciosa cara de ángel,
sus dientecitos de leche, sus labios y sus ojos, las expresiones que hacía todo
en ella era digno de admirar, tan bella como su madre hasta me atrevería a
decir que es mucho más hermosa que Mariana.
Bueno con esto continuo con la historia”.
Cuando llego mi bello ángel con un vestido de color blanco
y en los bordes de la falda traía una decoración de flores, junto con su
vestido llevaba sus zapatitos brillosos y en su cabello una diadema de color
rojo pero sin desentonar el vestido, su peinado era suelto con un flequillo.
Admire por unos segundo la belleza de mi nena, pero
recordé que debía apresurarme.
– Yo: Mira Laila, tu mamá y yo tenemos que irnos por una
emergencia que hubo en nuestros trabajos y no estaremos en casa por unas horas,
pero va a venir el maestro Beto, te acuerdas de él.
?
– Laila: Si papí, me acuerdo…
– Yo: Bueno pues debes ser buena con el maestro de
acuerdo.
?
– Laila: Si papi, seré buena…
Al ver que mi nena había entendido solo restaba esperar
al maestro, pasaron dos minutos y suena el timbre, corro para abrir la puerta y
me alegre al saber que era el, lo invite a pasar para que fuera hacer su
chamba, en el camino de la puerta al baño le fui explicando la situación lo
cual el entendió a la perfección.
– Maestro Beto: Valla con bien señor Rodríguez que yo me
quedare trabajando y cuidando de su hija.
– Yo: Muchas gracias maestro.
Después de agradecerle me voy hacia la puerta no sin
antes darle un beso de despedida a mi querida hija y salgo hacia mi coche.
En el transcurso del camino quiero hacer una llamada para
avisar a mi trabajo que ya iba en camino pero no encontraba mi teléfono y
comienzo angustiarme, comenzaba a pensar en donde deje mí celular y luego
recordé que lo había dejado encima de un libro que estaba en él tocador, ya
estaba a medio camino y pensaba si regresar me o seguir hasta mi trabajo, pero
pensar que tal vez me llamarían…
No me quedo de otra más que regresar me por él, habrá
pasado como media hora desde que me fui, aunque llegue más rápido a mi casa, me
estacione lo mejor que pude en el cajón y me dirijo a la puerta de la entrada
principal, como el baño está por el pasillo no se escucha cuando abren la
puerta, solo era cosa de entrar rápido y recoger mi celular, cuando abrí la
puerta esperaba que mi pequeña viniera a saltar a mis brazos pero no había
señales de ella por la sala, eso me confundió un poco ya que si se sentía
aburrida sé sentaba en el sofá a ver las caricaturas que le gusta ver, en fin
no le tome importancia, iba de camino a mi recamara sin notar nada, cuando me
salí de la recamara ya para irme de nuevo y paso por el baño alcanzo a escuchar
pequeños gemidos, me quede extrañado por un momento pensé que se debía al
esfuerzo que hacia el maestro Beto, la puerta estaba cerrada pero no se me hizo
raro, aun así los gemidos eran continuos y eso pico mi curiosidad al querer
saber porque gemía tanto.
Por la soteguela hay una venta la cual da hacia el baño
así que con cautela me dirigí hacia allá.
Cuando llegue los gemidos comenzaron a escucharse mejor,
tome el banco que estaba ahí y con mucho cuidado para que no me viera me subí
para observar.
Pude ver la figura del maestro pero se movía de adelante
y hacia atrás, por la posición en la que me encontraba no podía ver más,
mientras se oía los gemidos del maestro.
–Maestro Beto: aaaaaa….
siiiiii….
mmmmmm
Sin poder ver más me baje del banco y puse toda mi
atención para escuchar con más detalle, cuando pude notar aunque con menos
potencia unos gemidos agudos.
– Segunda presencia: aaaaa!.
aaaaaa, hay….
Esa voz la reconocí, era la de mi hija Laila, por un
momento pensé que estaba cargando algún objeto pesado para ayudarle al maestro
pero recordé los extraños movimientos que él hacía, disponiéndome a observar lo
que pasaba acomode el banco para tener una mejor visión, cuando me trepe no
podía creer lo que vi.
El maestro Beto estaba penetrando a mi hija, tenía los
pantalones hasta él piso y se movía rítmica mente, mi hija estaba empinada
apoyándose en la tapa del escusado, su vestido estaba alzado su dobles llegaba
a la altura de su caderita y sus pantys estaban en sus rodillas.
Me sorprendió tanto que no sabía qué hacer, mientras
seguía el golpeteo de sus glúteos contra las nalgas de mi hija.
Entonces el morbo comenzó a invadirme y entonces decidí
seguir mirando, el maestro seguía penetrando a mi hija de forma dulce pero
ruda, su respiración era agitada y sudaba un montón (quiero suponer que por la
excitación del momento), mi hija en cambio aguantaba las embestidas que le daba
el maestro, yo ya estaba igual que el sudoroso por la morbosidad que me
provocaba y poco a poco fui bajando mi mano hasta llegar a mi pene por encima
del pantalón, seguía viendo y nunca pude saber en qué momento ya tenía el
pantalón desabrochado y con mi pene en mi mano, debería darme vergüenza de
estarme masturbando viendo como cogen a mi hija pero el morbo es más fuerte, el
clímax llego cuando el maestro se pegó más a la espalda de Laila y sus
movimientos aumentaron más de intensidad.
-Maestro Beto: ooooo siii!!!, bebe ya viene tu
lechita!!!.
En ese momento da un gemido fuerte y los movimientos
fueron cesando, cuando pararon de cesar yo me vine.
Suspiraba en vos baja y cuando logre recuperar el aire
con mucho cuidado me retire de la ventana y me fui a mi auto, la verdad estaba
impactado por lo que acababa de ver, aún con el auto estacionado pensaba que
hacer si ir a la dichosa y molesta junta o ir a la casa a pedir una
explicación, pero opte por la primera opción así que encendí el auto y me
dirigí a mi trabajo, el viaje fue eterno, durante todo el trayecto estaba
invadido por la imagen y gemidos, en esos momentos cruzaban como balas
sentimientos de enojo, tristeza, morbo, no sabía que pensar y llego a mí un
pensamiento fuera de lugar.
“Después de esa acción seguirá cogiendo con mi hija?”.
–Yo: Maldición!.
Iba maldiciendo todo el camino ya que no podía reaccionar
ante la situación.
Finalmente llegue a mi trabajo y de alguna forma pude
alejar esos pensamientos por un momento para concentrarme en lo que tenía que
hacer, la junta a la cual fui llamado iba a demorar por lo menos dos horas más,
la verdad quería salir para volver a la casa y ver que había pasado con mi
pequeña y el maestro.
Además Mariana regresaría de su deber hasta la noche.
Parece que los ángeles me oyeron, por extrañas razones la
junta no demoro tanto y pude salir rápido, algunos compañeros me notaron
extraño porque ni me despedí de ellos pero a mí no me importo, conduje como
loco para llegar a la casa y ver el estado en el que encontraría a mi hija.
Cuando llegue estacione el auto me baje con rapidez y
llegando a la puerta al abrirla Laila salta a mis brazos llena de alegría.
-Laila: Hola papi!!, jijijiji.
Estaba contenta pero no sabía el motivo o talvez si, ella
me dio un beso en la mejilla y yo pensaba descaradamente que esa linda boquita
angelical pudo haber chupado el pene del maestro, estaba muy distraído y mi
pequeña lo noto, tuve que fingir contestando su saludo aunque no muy animado.
-Yo: Hola pequeña, como te portaste?, yo espero que bien
y que no le hayas causado ningún problema al maestro.
-Laila: no papi, es más le estuve ayudando en su
trabajo….
Claro era de esperarse que fue una buena niña con el
maestro beto, mi niña me conto como un perico (clásico en los niños) sobre todo
lo que hizo en el día omitiendo lo que paso en el baño, en ese instante el
maestro iba ya saliendo con sus cosas y me mira con una sonrisa.
Yo fingí sonreír y me conto sobre cómo iba el trabajo, me
enseño y me dijo lo que proseguía, cuando termino de contarme nos dirigimos a
la puerta y antes de marcharse aunque no me agrado para nada le dije a mi hija
que se despidiera, ella le sonrío al maestro y lo abrazo dándole un beso en la
mejilla, eso provoco que me llegaran aun con más fuerza esos pensamientos de la
acción que vi.
En fin se fue y yo aún sin saber si contarle a Mariana lo
que vi o dejar pasar lo sucedido, aún que quisiera saber lo que paso después de
irme Laila no diría nada.
Mi esposa llego tarde como yo lo había pensado,
platicamos como le había ido y no toque el tema de lo que vi sin embargo le
dije que tenía que hablar con ella en la mañana sobre un asunto muy importante.
Lo que no sabía era que al día siguiente sabría secretos
guardados de hace mucho tiempo, mi vida dio un giro.
CONTINUARÁ….
Gracias por leer, comenta que te pareció y si ansias la segunda parte…
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