El manjar del albañil 4 “Laila”

 


Es curioso como las decisiones de otras personas pueden tener gran relevancia en tu vida, sin imaginarlo ese domingo mientras yo dormía en mi pequeña cama de princesas, en un bar alejado de la misma ciudad donde vivía era el tema principal de conversación y que la mañana del lunes mi vida tomaría un giro por completo.

 

El Espacio de las Pequeñitas... :3 …

 

Narrador:

En una cantina de mala muerte de ciudad de México de cuyo nombre no quiero acordarme, dos viejos albañiles reían mientras tomaban cerveza sin ninguna mesura hablando de lo que para la sociedad es una de las más grandes bajezas del hombre.

Fortino.- salud compadre, salud, por la pinche chiquita que te andas agarrando cabron la neta te envidio culero.

Maestro Beto.- salud, compadre, salud, pues ahuevo la neta me estoy rayando con la niña ¿verdad?

Fortino.- la neta si pinche Beto, piche niña esta hermosa es todo un angelito, nada más de acordarme de ella ya estoy como un fierro, esta hermosa  la nena.

Maestro Beto.- pues claro que si Fortino, yo siempre me agarro lo mejor, no como tú y tus piches chamacas prietas cara de culo que te acostumbras a agarrar, jajaja.

Ambos viejos reían mientras se empinaban cada quien su caguama, mientras hacían esto Fortino solo podía pensar para sus adentros;  “pinche pendejo si supieras que yo también ya le metí mano a tu niñas, pero por eso me angustio ahora se de lo que me estoy perdiendo”.

Maestro Beto.- oye y ese día te perdiste de la fiesta, ¿apoco si te sentías tan mal?, yo pensaba que nos quedaríamos hasta tarde ya vez que habíamos quedado de jugar a la baraja con el Fausto.

Fortino.- si cabron, algo me callo pesado y me empezó a doler la panza por eso después del baño mejor me fui, y la verdad si me quería quedar a seguir viendo esa nena hermosa.

Maestro Beto.- te hubieras quedado ya vez que ahí había pura gente que tiene billete y a veces quieren quien les haga sus chambas y a la mejor podías agarra trabajo pendejo.

Fortino.- si era una buena oportunidad pero pues ni modo,  no iba tampoco a andar cagando a cada rato.  Pero regresando a tu manjarcito,  que culero cuando la vas a rolar. ¿No me digas que te la quieres comer solo?

Maestro Beto.- no se viejo, esto está difícil, tengo que buscar la oportunidad, esto no es como con mi sobrina, la situación es más complicada.

Fortino.- más complicado mis huevos, lo que pasa es que no la quiere compartir culero, acuérdate que yo te compartí a la Mariquita ¿o ya se te olvido pinche Beto?

Maestro Beto.- pinche niña culera y ya toda guanga como vas a comparar ese adefesio con mi manjarcito que esta toda hermosa y nueva, además tu pinche sobrino ya la había dejado más guanga que el elástico de mis calzones. 

Fortino.- pero bien que te la cogías pendejo, hasta el culito le partiste wey y te la dejaba todo el tiempo que querías culero.

Maestro Beto.- tu sabes que yo soy un hombre de culitos, ja ja jaja ja, bueno, bueno, ya está bien, no te prometo nada pero si se da la oportunidad claro que te comparto culero, cuando me he culeado, pero hay que tener cuidado cabron esta no es como las niñas del pinche pueblo o tus pinches prieta, si nos apendejamos sus papas no la dejan caer y a la cárcel podemos llegar.

Fortino.- si, si, si lo que tú digas wey, me cae que por cogerme ese manjarcito si me voy preso con gusto, jajaja, pero entonces ¿lo prometes pinche Beto?

Maestro Beto.- lo prometo carnal, si hay chance de cogernos a la niña no la cogemos los dos.

Ambos viejos chocaron sus caguamas en muestra de sellar el pacto perverso que acababan de hacer, en su larga lista de niñas que había abusado a lo largo de sus vidas nunca ni por su imaginación habían tenido una niña tan hermosa como la pequeña Laila.

Maestro Beto.- como vez si empezamos a práctica y nos vamos por unas cariñosas yo invito.

Fortino.- no se pinche Beto, las pinches ladillas no se me quitan desde la última vez y me ardió el pájaro por varios días.

Maestro Beto.- no seas puto y vamos, imagínate que es la Laila a la que te vas a coger, solo de imaginar lo apretadita que debe estar y lo rosita que debe estar por dentro, ya vamos cabron que tengo que bajarme esta calentura aunque sea con esas  pinches putas.

Fortino.- pues ahora le vamos.

Ambos viejos abandonaron esa cantina con dirección a las putas de la esquina más cercana.

Fortino.- ojala no se me caiga el pito después de esto.

Maestro Beto.- como quiera no se pierde mucho wey.

 

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

 

Continua la historia de Laila, episodio 4.

 

A la mañana siguiente en la casa de Laila.

Esa mañana fue como las ultimas mañanas del mes había sido, me despertaba con las voces de mis papas peleando, últimamente había peleado mucho y por largos periodos en el día y en las noches, el motivo de la discusión había sido siempre la misma, mi mamá le pedía a mi papá que la dejara hacer cosas, salir a la calle, participar en grupos o en actividades que las amistades de mi mamá hacían y de las que mamá siempre había sido participe y que había tenido que dejar hace años para cuidarme, le pedía a mi papá el contratar una niñera pero mi papá siempre se opuso pues no sentía la confianza para dejarme con una desconocida, esto molestaba mucho a mi mamá quien sentía que mi papá al menos una vez por semana se podía ir a beber o salir con sus amigos mientras ella se la pasaba encerrada en la casa a mi cuidado.

No me gustaba que mis papas pelearan, me causaba un sentimiento de tristeza escuchar el cómo se hablaban y esa mañana la discusión había alcanzado niveles más fuera de lo comunes, finalmente la discusión termino con mi papá azotando la puerta de la casa y gritando un rotundo no y ni siquiera se despido de mí como todas las mañanas lo hacía antes de irse a trabajar.

Esa mañana note algo triste y molesta a mi mamá camino al prescolar, mis vacaciones habían terminado hace ya una semana y estaba en los meses finales para concluir mi educación prescolar y entrar a la educación primaria, no me gustaba ver a mi mamá triste pero que podía hacer, lo bueno de ser niño es que las cosas te distraen fácil mente y en el salón de clases olvide las sensaciones que me había dejado esa mañana la discusión de mis papás.

Salía del prescolar a las 12 del día por fortuna estaba muy cerca de mi casa, al llegar se podían escuchar ya los sonidos que hacía el maestro Beto desde el baño donde ya estaba trabajando, por las mañana no lo veía ya que él llegaba  a las 9 de la mañana y yo entraba a las 8, pero en cuanto llegaba corría hacia el baño para saludarlo esto ya se había hecho costumbre para mí, pues el maestro Beto me parecía muy simpático y siempre me saludaba con suma alegría, esto lo hacía siempre a tal grado que mi mamá ya lo veía como algo normal.

 

Laila.- Hola maestro Beto ya llegue.

Maestro Beto.- Hola pequeña ¿cómo estás? ¿Cómo te fue en la escuela?

Laila.- bien maestro hice muchas cosas divertidas.

Por lo general no me quedaba mucho tiempo ya que en ese lugar había mucho polvo y escombro y el maestro Beto me decía que me saliera para no ensuciarme y mi mamá me pedía que no lo molestara, me gustaba mucho la forma en la que me miraba el maestro Beto los gesto que me hacía al verme y como se empezaba a apretar la entre pierna de su pantalón para que yo lo viera, esto lo hacía todo el día cada vez que podía, ya era hora de la salida para el maestro Beto y por lo general se iba a las 4 de la tarde, se estaba despidiendo de nosotras esa tarde cuando mi mamá lo detuvo antes de que se fuera.

Mamá.- discúlpeme maestro Beto no sé si tenga tiempo es que quería platicar con usted.

Maestro Beto.- claro que tengo tiempo Marianita dígame para que soy bueno en que la puedo ayudar.

Mamá.- ay, maestro Beto me da mucho pena con usted no sé si decirle o no.

Maestro Beto.- no te preocupes Marianita con confianza,  usted puede decirme lo que quiera que pasa dígame ¿hay algo que no le gusta de mí trabajo?

Mamá.- no, no es eso maestro usted hace un trabajo excelente estamos muy contentos Octavio y yo con sus trabajo, pero quería pedirle un gran favor maestro, lo que pasa es que quisiera hacer unas actividades pero no tengo quien me cuide a Laila quería saber si aún sigue disponible su sobrina para que la cuide.

Supongo que en estos momento se le abrieron los ojos al viejo de par en par la oportunidad de estar a solas conmigo se le había presentado, era el mismo destino el que me arrojaba hacia sus brazos o debería de decirlo hacia su verga.

Maestro Beto.- claro que si señora creo que aún sigue disponible ¿pero dígame de a qué hora a qué hora seria?

Mamá.- pues estaba pensando que podría ser de las 12 del día después de que recoja a Laila del prescolar  a 6 de la tarde, ¿qué le parece?, yo le dejaría todo hecho la comida y todo ella solo se encargaría de cuidar a Laila y si quiere en cuanto llegue yo puede ir a dejar  a su casa,

El viejo lobo de mar debió pensar en un plan rápido para poder salirse con la suya y tenerme a su disposición.

Maestro Beto.- híjole Marianita ese horario esta algo difícil porque mi sobrina sale hasta la 1 de la escuela y en lo que tarda en venirse para acá, lo de la tarde no lo dudo pero mire le propongo algo usted váyase a esa hora que dice pierda cuidado yo me quedo al cuidado de Lailita hasta que llegue mi sobrina.

Mamá.- no cómo cree maestro Beto, que le ocasionare esa molestia, mejor yo me espero a que llegue su sobrina.

Maestro Beto.- ustedes váyase pierda cuidado yo la vigilo cómo siempre lo he hecho ¿o que acaso ya no confían en mí?

Mamá.- no, no es eso maestro Beto solo no quería ocasionarle problemas, pero bueno está bien así le hacemos mañana entonces aa,  y otra cosa maestro Beto se lo pido de todo corazón ni una palabra de esto a mi esposo por favor.

Maestro Beto.- no te preocupes Marianita será nuestro secreto tuyo, mío y de Laila.

Mi mamá se fue muy contenta a hacer una llamada dejando al maestro Beto conmigo, él observo como mi mamá se metía en un cuarto  se acercó y me dijo en voz baja.

Maestro Beto.-prepárate pequeña mañana vamos a jugar a coger tu y yo.

Me quede pensativa y dije.

Laila,- ¿Qué es coger maestro Beto?

Maestro Beto.- pues veras pequeña voy a esconder a mi zanahoria en tus cuevitas y te ha seguro que te va a gustar mucho Laila.

Estiro su tosca mano hasta capturar una de mis nalguitas comenzando a acariciarla me dijo.

Maestro Beto.- ¿dime Laila quieres coger conmigo mañana?

Conteste que si meneando mi cabecita muy aminada sin saber realmente lo que él maestro Beto quería hacer conmigo, y real mente no podía entender lo que me decía a lo único a lo que le había entendido era a jugar y eso claro que me gustaba la idea.

Maestro Beto.- ja,ja,ja,ja, de verdad que serás toda una zorrita Laila y mañana me encargare de cogerte pequeña, seré el primer hombre en tu vida y eso nunca lo olvidaras bonita.

Me decía sus palabras mientras con un poco de fuerza apretaba una de mis nalguitas, que por el apriete de su mano perdía su forma para después por la misma suavidad de mi piel regresar a su forma original para recibir un nuevo apretón.

 



&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&


Ese día fue como cualquier otro, mi mamá me levanto temprano me puso muy bonita con mi uniforme y partimos rumbo al colegio, el cual también fue como cualquier otro día en cuanto llegue a la casa al entrar escuche que el maestro Beto ya estaba trabajando en el baño de la casa, como ya casi siempre era habitual fui a saludarlo.

Laila -Hola maestro Beto ya llegué de la escuela.

Maestro Beto – Que bueno pequeña como te fue.

Laila.- Muy bien, recortamos revistas y hoy toco clases de música y a mí me gusta mucho ir a clases de música.

Mientras le contaba todo lo que había hecho en mi clase el maestro Beto se incorporó de donde estaba agachado trabajando y acercándose a la puerta del baño se aseguró que mi mamá no estuviera cerca y me dijo en voz baja.

Maestro Beto, - Acuérdate mi niña que hoy vas a jugar conmigo, traje unas cositas para que podamos jugar, porque hoy te voy a coger todita Laila.

Recuerdo que solo me reí, porque me causaba gracias la forma en cómo se movía el bigote del maestro Beto al hablar, total mente inconsciente del significado de las palabras que me decía ese viejo, el que ya se desesperaba por ver la hora que mi mamá me dejara solo con él. 

Mamá. - Maestro Beto puede venir por favor. Mire le explico aquí en el refrigerador voy a dejarles la comida, en este toper está la de Laila y en esta olla está la de usted y de su sobrina, dígale que coma que no hay problema puede agarrar lo que ella quiera, también de favor dígale que si le puede ayudar a Laila a pintar unos recortes que le dejaron de tarea, aquí está mi número,  Maestro Beto ¿no me acuerdo si ya se lo había pasado?, pero como quiera se lo recuerdo, yo llego en poquito después de las 6 y dígale que yo la voy a ir a dejar a su casa por eso que no se preocupe, que con toda confianza se queda en su casa.

Maestro Beto. - No se preocupe vaya con toda confianza mi sobrina llega a la 1 de la tarde por lo mientras voy a cuidar a la niña hasta que ella llegue y pierda cuidado mi sobrina es de mucha confianza ya ha trabajado de niñera haya en la colonia, usted no se preocupe, como quiera tiene mi numero puede llamarme cuando quiera, yo también estaré al pendiente de la niña.

Mamá. - Muchas gracias Maestro Beto es usted una bendición, bueno me voy, porque se me hace tarde y tengo que cumplir con un compromiso.

Mi mamá se acercó a mí y acariciando mi cabecita y dándome un beso en la frente me dijo.

Mamá. – Bueno hija mamá va a salir un rato como ya te había explicado, al rato va a venir una amiguita para que juegues con ella y te va ayudar con tu tarea, sé una buena niña pórtate bien no molestes al maestro Beto y hazle caso, te veo más al ratito mi niña.

Laila. – Si mami.

Mi mamá tomo su bolso y acompaña por el maestro Beto salió de la casa, el maestro Beto se quedó en el pórtico hasta que vio al auto de mamá perderse en la calle, solo puedo imaginar los pensamientos que pasaban en la cabeza de ese hombre por fin su sueño se había cumplido me tenía a solas para él un poco más de 5 horas, su emoción debió ser tan grande como la poco prudencia he irresponsabilidad de mi mamá al dejar sola a su hija de 5 años con un hombre adulto.

El maestro Beto entro de nuevo a la casa una vez que el auto de mamá se perdió, puso el seguro a la puerta y camino hasta donde yo estaba parada, siempre que llegaba del kínder mi mamá me cambiaba de ropa y ese día también lo había hecho, llevaba un vestido alto que me llegaba arriba de las rodillas y una playera blanca con la figura de Elsa de frozen  y unos tenis rosas, el maestro Beto no decía nada solo me miraba, con una mirada que parecía como si me fuera a comer, pero para una niña de 5 años esas cosas pasaban desapercibidas.

Laila. – ¿y que vamos hacer maestro Beto?

El maestro Beto lanzo una risita como de burla y dijo.

Maestro Beto. – pues que más, todo este tiempo te voy a coger, vas a quedar bien limadita pequeña.

Solamente me reí, había palabras que el maestro Beto utilizaba pero que yo no podía entender, pero me daban mucha risa.

Maestro Beto. - Voy a ir por mi mochila Laila ahí traigo unos juguetitos para poder jugar esta tarde espérame aquí.

El maestro Beto fue corriendo rápidamente al baño de donde saco su mochila y la puso en el sofá y la abrió para que mirara el contenido que traía adentro.

Laila,- ¿Qué son estas cosas maestro Beto?

Mire asombrada como sacaba un spray como los que a veces mi mamá me podía para acomodarme el pelo y una caja que parecía como de medicina.

Maestro Beto. - Estos serán nuestros juguetes hoy Laila, este spray es para adormecer tu colita y que no te duela tanto cuando te la meta y esta es una cremita un lubricante para ayudar a que te resbale mejor.

Laila.- ¿adormecer, porqué me quiere adormecer maestro Beto? Todavía no tengo sueño no me quiero dormir aun no es de noche.

Maestro Beto. - No Laila no te vas a dormir, es adormecer ósea solo una parte de tu cuerpo, bueno ahorita te explico tú no te preocupes.

Muy curiosa como era de niña mire que más cosas había en la mochila del maestro Beto encontrándome algo que llamo mi atención.

Laila, - ¿Qué es esto maestro Beto?

Maestro Beto. - esto son unas orejitas de conejita que nos ayudaran a jugar nuestro juego de hoy, anda ten póntelas.

Era una diadema rosa con orejas de conejo muy bonita con brillantitos a los lados, rápidamente obedecí al maestro Beto y me la puse.

Maestro Beto. – Que bella te vez Laila con esas orejitas en verdad parece una linda conejita.

Por mi parte estaba muy emocionada, mis papás nunca jugaban conmigo y al ser hija única la mayoría del tiempo siempre tenía que jugar solita tenía muchos juguetes, pero no tenía con quien compartirlos por eso esa tarde me emocionaba mucho la idea que el maestro Beto alguien al que mis papás apreciaban y yo también quisiera jugar conmigo.

Laila. - ¿y a que vamos a jugar maestro Beto?

Maestro Beto, - vamos a jugar Laila a que tú era una conejita y que yo te tenía que dar zanahoria para que crezcas fuerte y sana.

Mientras me explicaba esto se comenzó a sobar fuerte su entre pierna a mi parecer como si se estuviera rascando por lo cual pensé que tenía comenzó.

Laila. – ¿Tiene comezón maestro Beto?

Maestro Beto. -  No mi niña solo que estoy emocionado por el juego, ya quiero empezar a jugar contigo.

Laila. - Pero maestro Beto a mí no me gusta la zanahoria, no quiero que me de zanahoria.

Dije con mi voz de niña caprichosa que no se quiere comer sus verduras.

Maestro Beto. – Laila habíamos quedado que ya te ibas a comer tus verduras ¿no es así? Además, recuerda que esta es zanahoria macho, esta nada más se chupa no te la tienes que comer.

El viejo no paraba de tocarse mientras me decía todo esto, se notaba que estaba disfrutando al máximo del momento, imagínense una niña hermosa rubia, de ojitos de color, la más bonita del kínder y de la colonia puesta casi en sus manos, el viejo albañil no cabría en la excitación y el deseo, tanto que incluso cuando hablaba algo de baba se le escurría por la boca, estaba deseoso de degustar ese lindo manjarcito.

Laila. –Pero no me gusta su sabor maestro Beto yo no quiero comer zanahoria.

El albañil rio un copo y luego dijo.

Maestro Beto. –Mírate nada más pequeña Laila tan chiquita y dices que no te gusta mamar la zanahoria, ahorita no pero después me vas a pedir que te la de como si fuera una paleta ya verás niña te are adicta a mamar verga, jajaja ya lo veras.

Laila. -  jijijiji, pero a mí no me gustan las paletas maestro Beto, porque el dulce hace que me duela mis dientes, bueno a veces si como helado, pero poquito.

El maestro Beto estaba maravillado con la respuesta inocentes y fuera de contexto que le daba, la verdad no podía comprender la gran mayoría de las cosas que me decía el maestro Beto, pero me causaba mucha gracia como me las decía.

Maestro Beto. -  Bueno Laila, no te preocupes si no la quieres chupar buscaremos otras formas de que te comas tu zanahoria macho, mira ven acércate.

El maestro Beto estiro su mano para tomarme de mi pequeña cintura y acercarme a él, él aprovecho para sentarse en el sofá y dejándome en medio de sus piernas comenzó con una mano a acariciarme mi cabello y con su otra mano mi espaldita.

Maestro Beto. – Mira Laila, las conejitas como tu tienen tres huequitos por donde pueden comerse la zanahoria.

Laila. – ¿De verdad maestro Beto?, pensé que solo se podía por la boca.

Maestro Beto. - No pequeña, tú tienes tres huequitos por donde te puedes comer la zanahoria, pero solo la zanahoria macho, las zanahorias normales solo se pueden comer por tu boquita.  

Laila. – ¿Y cuáles son esos huequitos maestro Beto?

Maestro Beto. - bueno Laila, como tú ya sabes el primer huequito es tu linda boquita con estos labios rosas que tiene podrías chupar la zanahoria.

Me explicaba mientras con sus dedos recorría mis labios.

Laila. -  jijijiji, pero ya le dije que no quiero comer o chupar zanahoria maestro Beto sabe feo.

Maestro Beto. - Bueno el otro huequito que tienes para comer zanahoria es por aquí.

El albañil bajo su mano hasta meterla en medio de mis piernitas acariciando por encima de mi ropa mi vaginita lo cual me dio algo de cosquillas.

Jijjijijijii, le hice señas al maestro Beto para que se agachara quería decirle algo al oído, era un secreto.

Laila. – Mi mamá me ha dicho que no me deje tocar mi cosita por extraños.

El maestro Beto soltó una carcajada y sin dejar de acariciarme mi vaginita dijo.

Maestro Beto. – jajajajaja, lo bueno que yo no soy un extraño ¿verdad pequeña?

Moví mi cabeza de un lado a otro afirmando lo que me decía el maestro Beto, era verdad él no era un extraño era el albañil que iba a diario a nuestra casa.

Maestro Beto. – Pero bueno este lugarcito aún es muy pequeño para que, entre mi zanahoria, este lo dejaremos para después, pero el tercer huequito es por aquí.

Paso su mano de acariciar mi vaginita a acariciar mis nalguitas sus manos eres tan grandes que una sola mano abarcaba casi todas mis nalguitas, podía sentir la rudeza y fuerza de sus manos cada vez que apretaba mis pompitas.

Maestro Beto. - Que lindas nalguitas tienes Laila, suaves y duritas a la vez, me encanta y bien formaditas, te ha sentado bien las clases de gimnasia a las que vas, que maravilla de colita.

Era verdad hace unos meses mi mamá me había inscrito a gimnasia para que hiciera algo de deporte, iba todos los sábados, ese día y el domingo el maestro Beto no venía a trabajar.

Laila. – Si maestro Beto ya aprendí hacer muchas cosas, ya me paro de puntitas, ya doy de vueltas, me doy marometas, al principio me daba un poco de miedo, pero ya no, ya también me puedo abrir bien mis pies.

Mientras yo le contaba todo lo que había aprendido todo este tiempo en las clases de gimnasia, él no paraba de acariciarme mis nalguitas con sus toscas y grandes manos, me acariciaba y apretaba una y luego pasaba a la otro, degustaba de mi platica inocente y de mi lindo cuerpo, ahí estaba una niña hermosa de cinco años dejándose manosear como si nada por un viejo albañil.

Maestro Beto. – Si creo que por aquí sí puede entrar mi zanahoria, hay que gustito me voy a dar cogiéndote Laila, bueno antes de comenzar quiero que me digas que quieres mi zanahoria, dime que te de tu zanahoria.

Me comencé a reír pues creía en mi mente de niña que el juego estaba comenzando así que hice lo que el maestro Beto me estaba pidiendo.




Laila. – maestro Beto ¿le da su zanahoria a esta conejita?

Mis palabras parece que desataron a la bestia que vivía en él y rápidamente comenzó a bajarse los pantalones hasta dejar a la vista su morena zanahoria se veía hinchada de la parte de arriba, un poco brillosa eso sí muy ancha y grande a mi parecer, el maestro Beto dejo que la viera por unos segundos y después dijo.

Maestro Beto. –Te acuerdas de tu zanahoria verdad Laila ella no te ha olvidado.

Mientras la paseaba de un lado a otro, debo de decir que para mí esa zanahoria como la llamaba el maestro Beto me daba algo de miedo, se veía muy gruesa, algo amoratada y muy morena, había muchos pelos negros en su base, para mi parecía más como un gordo gusano, pero me gustaba que el maestro Beto jugara conmigo al igual que lo había hecho su otro amigo, éramos amigos y no quería decirle que su zanahoria me daba un poco de miedo porque eso no hacen los amigos.

Maestro Beto. - De verdad ¿no te gustaría chuparla un poquito nena?

Moví mi cabeza de un lado a otro mientras le decía.

Laila, - No maestro Beto no me gusta su sabor.

Maestro Beto. -  ok mi niña está bien, entonces te la voy a tener que meter por tu colita ¿estás de acuerdo?

Hice un movimiento de afirmación con mi cabeza el cual le fascino al maestro Beto.

Maestro Beto. – Eres toda una joya Laila, eres mi olla al final del arcoíris, mi premio por esta vida de porquería que he llevado.

Laila. – No debe decir groserías maestro Beto o lo van a castigar.

Maestro Beto. – jajaj tienes razón mi niña, no debo hablar así frente a una damita como tú. Pero dime Laila quiere que te queja tu colita, que te folle tu linda colita de nenita.

Laila. – jijjijiji, ¿Qué es coger?

Maestro Beto. –Nada malo es solo el juego que vamos a jugar.

Laila. –Pensé que íbamos a jugar a la conejita.

Maestro Beto. – Si Laila a eso vamos a jugar a darle de comer a la conejita, pero antes dime, que quieres que te coja tu colita.

Laila. -  jijijiijj, nooop.

Maestro Beto. - Anda Laila por favor dilo.

Laila. – Quiero que me coja mi colita maestro Beto, jijjijiij.

Maestro Beto. - lo que pida mi reina, pero para poder cogerte tu colita tenemos que hacer antes unos pasos Laila, es parte del juego para que te puedas comer mi zanahoria.

Laila. - ¿Qué pasos hay que hacer maestro Beto?

Maestro Beto. – Pues antes de empezar te tengo que lamer toda tu colita Laila dejarla bien laminita y llena de saliva te va a gustar, ya verás te are muchas cosquillitas. Después te voy a echar el spray en tu colita para que te la adormezca un poco y te pueda meter mi zanahoria y después te pondrá mucho lubricante y también para que resbale mejor.

Escuchaba atenta todo lo que es maestro Beto me decía, no entendía muy bien lo que me quería decir solo sabía que todo era parte del juego.

Maestro Beto. –Muy bien Laila vamos a comenzar vente y arrodíllate aquí en el sofá.

Hice lo que él me pedía y me subí al sofá y me arrodillé.

Maestro Beto. –Muy bien Laila, ahora quiero que bajes tu cabecita y espaldita así hasta quedar solo con las pompitas paraditas, eso es así muy bien que niña tan inteligente.

Queda con mi carita pegada al sillón, mi espaldita en forma de resbaladilla y mi colita bien levantadita justo como la quería el maestro Beto.

Maestro Beto. –AAAA, que visión tan rica niña, mira nada más que colita tan rica.

Con su mano comenzó a tocarme mis nalguitas de nuevo por encima de mi ropa primero con una sola mano porque con la otra estaba jugando con su zanahoria, después puso ambas manos y comenzó amasarme mis nalguitas.

Maestro Beto. – Muy bien ahora vamos a levantar este vestido y ver tus lindos calzoncitos.

Pues sentir como esas toscas manos levantaron mi vestido hasta dejarlo sobre mí espalda dejando a la vista mi ropa interior blanca de la princesa Sofía que ese día llevaba.   

Maestro Beto. –Por dios que delicia, que hermosas y perfectas nalguitas.

Pude sentir como las manos del maestro recorrían todas mis nalguitas después acerco su cara y me dio un beso tronador en una y después en la otra, esto a mí me dio mucha risa porque sentía como el bigote del maestro me hacía cosquillas, después sentí el contacto de su rasposa lengua como subía por mi nalguita derecha desde su base hasta su punta y como repetía de nuevo esta acción un total de tres veces seguidas.  

Laila. – Maestro Beto me hace cosquillas, mi pica mis nalguitas su bigote.

Él no dijo nada y procedió hacer lo mismo con mi otra nalguita, podía sentir como dejaba cubierta como si de una brocha se tratara de su saliva mi nalguita, el maestro Beto lamia y besaba con desesperación mis dos nalguitas, después puso su nariz justo en medio de mis nalguitas en donde se había quedado aprisionado mi calzoncito y comenzó a tallar su nariz de arriba abajo, degustando de toda la textura de mi ropa interior.

Laila. – También ese calzoncito es suavecito maestro Beto.

Maestro Beto. – Si es muy suave niña puedo sentirlo.

En continúo restregando su nariz en mi ropita interior, después sentí como metió sus dedos a los costados y dijo.

Maestro Beto. – Es hora de quitar esto también.

Sentí como de una forma lenta fue bajando mi calzoncito hasta dejarlo justo donde mis piernas hace flexión, después con su ayuda levantaba una piernita y luego la otra para quitarme por completo mi calzoncito

Maestro Beto. – pero que bonita, rosita me encanta el color de tu colita niña.

Comenzó a pasea su dedo gordo por toda mi vaginita lo cual me causo algo de cosquillas y una sensación de extrañes al sentir el contacto de su dedo áspero con mi piel.

Laila.- se siente rasposo su dedo maestro Beto, debería ponerse una crema, mi mamá usa crema para tener las manos suavecitas.

Él sin decir nada continúo pasando su dedo por todo lo largo de mi rosada vaginita, esto lo hacía con su mano derecha mientras que su mano izquierda sobaba mi nalguita, podía sentir la respiración del viejo detrás de mí como inhalaba aire y luego lo exhalaba, esto mientras de vez en cuando escuchaba el sonido de su boca como si pasara algo de saliva.  De pronto sentí como su dedo intentaba hacer a un lado mis pequeños labios vaginales, esos que nunca había sido abiertos ni siquiera por mí, sentí un poco de dolor, pero me aguanté ya que no quería que terminara el juego, fue en ese momento que sentí un fuerte pinchazo en mi entrepierna como si me hubieran clavado una aguja y como el gordo dedo del maestro Beto se había metido dentro de mi vaginita, como si fuera un resorte levante rápido mi colita y me senté de rodillas en el sofá.

Laila.- AYYYYYYYYYY, maestro Beto eso me dolió mucho, ¿Por qué me hizo eso?

El maestro Beto con algo de saliva en la boca dijo.

Maestro Beto. – Perdóname niña, es que me emocione, estas muy buena, perdón vamos a seguir jugando.

Con una negativa con mi cabecita he intentado subirme mis calzoncitos le dije.

Laila.- No, maestro Beto ya no quiero seguir jugando a esto porque me lastima y me dolió mejor vamos a jugar a otra cosa.

El maestro Beto frunció el ceño y dijo en voz de súplica.

Maestro Beto. – Ya te dije que me perdonaras ya no te voy a lastimar, es que me emocione eres una niña hermosa Laila, mira te voy a poner este spray y esta pomadita ya verás que con esto ya no te va a doler nada de lo que te haga ¿sí?

Laila.- Ya no quiero jugar a eso, porque no quiero que me duela y además es aburrido yo no hago nada, quiero un juego donde pueda hacer cosas.

Maestro Beto. – Pues si quiere me puedes chupar mi zanahoria mientras jugamos, así haces tú algo.

Laila.- Ya le dije que no me gusta su sabor, sabe feo, mejor hacemos una fiesta del té.

En ese momento di un salto para ir a mi cuarto a traer mis trastecitos para poder jugar fue cuando escuché decir al maestro Beto unas palabras fingiendo que lloraba.

Maestro Beto. – Esta bien, si ya no quieres jugar conmigo está bien, si ya no quieres que seamos amigos mejor me voy a trabajar.

El maestro Beto tapándose su cara se metió al baño en donde estaba trabajando y  solo me le quedé viendo, su actuación fue pésima cualquiera hubiera adivinado que no estaba llorando, pero para una niña de 5 años fue fácil engañar, además no tenía hermanos ni amigos, fue fácil que yo callera en su chantaje, caminando despacito me fui al baño donde estaba el maestro Beto.

Laila.- ¿Está llorando maestro Beto?

Maestro Beto. – Si Laila porque ya no quieres jugar conmigo.

Laila.- si quiere jugar con usted maestro Beto, podemos jugar a otra cosa.

Maestro Beto. – No Laila porque había comprado mis cosas para poder jugar contigo y meterte mi zanahoria en tu colita, pero tú no quieres.

Voltee para atrás intentado mirar mi colita y después pregunte.

Laila.- ¿Por qué quiere meterme su zanahoria en mi colita?

Maestro Beto. – Porque se siente rico, todas mis amiguitas me dejan meter mi zanahoria en sus colitas y pensé que tú y yo éramos amigos, por eso quería meter mi zanahoria en tu colita, pero tú no quieres.

Laila.- ¿Tiene muchas amigas maestro Beto?

Maestro Beto. – Si tengo muchas, y todas me dejan jugar con sus colitas y me chupan mi zanahoria por eso las quiero mucho.

Cualquiera hubiera notado la mentira en las palabras y cara del viejo, pero para mí inocente mente eso pasaba desapercibido.

Laila.- yo no tengo muchas amigas, solo una se llama Ana, pero casi no va a la escuela porque se enferma mucho, tiene una enfermedad en su nariz, y las demás niñas no me hablan mucho porque piensan que soy presumida pero no lo soy maestro Beto.

Maestro Beto. – Pues tu y yo podemos ser amigos Laila solo déjame cogerte tu colita, jugar a meterte mi zanahoria y seremos buenos amigos Laila, ¿o no quieres ser mi amiga?

Laila.- si quiere maestro Beto, usted me cae muy bien.

Maestro Beto. – Bueno entonces Laila vamos a jugar, déjame meterte mi zanahoria en tu colita y tú y yo seremos amigos para siempre.

Nuevamente voltee intentando ver mi colita, no entendía porque el maestro Beto quería meterme su zanahoria, mi mente de niña no dimensionaba todo lo que eso implicaba.

Laila.- ¿Pero porque quiere meter su zanahoria en mi colita?

Maestro Beto. – Ya te dije Laila, porque siento rico y ya después tú vas a sentir rico también, vas a sentir tan rico que vas a querer que siempre juguemos, además ya compré todas esas cositas solo para nuestro juego, que dices amiguita Laila ¿me dejar meter mi zanahoria en tu colita?

Laila.- Si maestro Beto, está bien vamos a jugar como usted quiere nada más que no me vaya a doler.

Apenas puedo imaginar lo que el viejo debió haber sentido al escuchar a esa hermosa niña casi darle permiso de meterle su “zanahoria” en su colita.

Maestro Beto. – Si Laila, ya no te dolerá lo prometo, pero tú debes prometerme que ya no detendrás el juego hasta que yo diga lo prometes.

Laila.- si maestro Beto lo prometo.

El maestro Beto estiro su mano y sacando su dedo me dijo en señal de cerrar la promesa.

Maestro Beto. – Bueno esta será una promesa de relampamigos, si no dices la verdad que te crezca un bigote bien grandote de castigo

El maestro Beto estiro sus manos a mi costado y comenzó hacerme cosquillas.

Laila.- jijjijijijijijijijijijijiji, si maestro Beto lo prometo.




Maestro Beto. – Bueno entonces vamos a jugar.

Me tomo de mi manita y salimos, camine con dirección hacia la sala cuando el maestro Beto me interrumpió.

Maestro Beto. – No Laila vamos a jugar a tu cuarto, haya estaremos mejor.

Caminamos ambos rumbo a mi cuarto, al entrar el maestro Beto me pidió que me volviera a poner en la misma posición que estaba en la sala, ósea en cuatro.

Laila.- maestro Beto ¿puedo platicar con mi conejito mientras usted me mete su zanahoria?

Al maestro Beto parecía darle gusto eso, porque tomo rápidamente el conejo de peluche y me lo dio en mis manos.

Maestro Beto. – Claro pequeña platícale todo lo que vas sintiendo.

Me volvió a poner en la posición que estaba antes ahora con mi conejito en la mano, el maestro Beto puso una mano en mi espalda y mi cabeza y me hizo que me inclinara un poco más, después levanto de nuevo mi vestido para dejar expuesto de nueva cuenta mi colita en solo mi ropa interior, segundos después mi ropa interior también fue quitada dejando de nuevo libre paso al maestro Beto para que mirara, tocara, he hiciera lo que quisiera con mi colita.

Mientras todo esto pasada detrás de mí, solamente me quedaba conversar con mi conejito favorito.

Laila.- Hola Nieve vamos a jugar a la zanahoria con el maestro Beto, no ahorita no puedes jugar tú, solamente yo y el maestro Beto.

Conversaba con mi peluche mientras sentía como los dedos rasposos del maestro Beto recorrían mis nalguitas y mi vaginita intentando memorizar con sus manos cada parte de mi piel.

Maestro Beto. –Pero que delicia.

Fue lo único que escuche cuando de pronto sentí como el bigote del maestro Beto topaba con mi vaginita seguido después de un lengüetazo que recorrió desde la base de mi pequeña vagina hasta casi llegar a mi anito, por instinto di un pequeño respingón intentando alejar mi colita de los bigotes picosos y la lengua rasposa del maestro Beto, pero él me detuvo poniendo sus dos manos en mis nalguitas evitando que mi movimiento me alejara mucho de él.

Laila.- Me pica su barba maestro Beto, jijijijijiji.

El maestro Beto ya no contesto y siguió recorriendo con su lengua todas mis partes íntimas, subía de arriba abajo como si fuera una brocha, luego con su lengua intentaba abrir mis labios vaginales de nuevo, pero al ser su lengua más blandita ya no me causaba dolor.

Laila,- jijijijijij, puedo sentir como mete su lengua maestro Beto.

Ssssrrrrr, ssssr, sssrr, ssrr, lap, lap, lap, lap,lap.

Eran los sonidos que emitía el maestro Beto mientras no dejaba de pasar su lengua por todos lados, mientras que sus manos apretaban con algo de fuerza mis dos nalguitas, podía sentir como en partes succionaba por completo mi vaginita con su boca, su boca era grande y gruesa y mi vaginita rosa y pequeña.

Maestro Beto. –Creo que ya estas lista, me podría pasar todo el día lamiéndote pero creo ya va siendo hora de la mejor parte.

Laila,- ¿Ya me va a meter su zanahoria maestro Beto?

Maestro Beto. –Ya casi Laila antes debo echarte el spray y la pomada para que entre más fácil.

Todo esto me lo decía mientras seguía tocando mis nalguitas, las acariciaba como si fueran un perrito.

Maestro Beto. –Pero que lindas nalguitas tiene Laila, tu cinturita, tu cuerpecito, tu linda carita tu cabello eres hermosa mi niña, me cae que un día vas hacer mis universo o modelo o algo así.

Laila.- No quiere ser modelo,  quiere ser veterinaria y curar a los animalitos.

Maestro Beto. –Ganarías más de modelo con este cuerpecito que vas a tener, jejeje, me encanta que hayas empezado a practicar Gimnasia, te está ayudando a formar muy rico tu cuerpecito en especial tus nalguitas, que maravilla están bien levantaditas y formaditas. 

Laila.- si maestro Beto ya casi me sale la vuelta en U y las marometas, y la vuelta de carro, ¿quiere que le enseñe?.

Intente pararme para enseñarle al maestro Beto lo que había aprendido en la clase, pero él no me dejo me mantuvo con fuerza en la posición que estaba y dijo.

Maestro Beto. –Después me enseñas Laila, recuerda que prometimos acabar de jugar, pero que preciosas nalgas, bueno no importa que vayas hacer, lo único que importa será que seré el primero en cogerte tu rico culito.

Laila.- jijijijijij, habla bien raro maestro Beto.

Mientras platicábamos el maestro Beto ya había sacado sus cosas de la mochila y también se había bajado sus pantalones quedando solo en ropa interior.

Laila.- ¿Por qué se quitó sus pantalones? ¿tiene calor? Si quiere prenda el ventilador se prende de ese apagador.

Maestro Beto. –No Laila lo que pasa es que te voy a meter mi zanahoria y para eso necesito sacarla ¿verdad?

Laila.- si es cierto no se puede meter así. Jijij.

Maestro Beto. –Bueno primero te voy a echar este spray para que te adormezca un poco tu colita.

Escuche como agito la lata y después disparo una gran cantidad en mi colita.

Laila.- Uuuyyyy está muy frio maestro Beto.

Maestro Beto. –Si losé pequeña, pero esto nos ayudara a jugar, por eso tengo que echarte mucho.

Continuó rociando bastante en toda mi colita, podía sentir el frio en medio de mis nalguitas.

Maestro Beto. – Ya quedo el spray, ahora vamos aplicarte esta cremita que es para adormecer también.

Se echó bastante en su dedo y después comenzó a esparcirlo por todo mi anito, alrededor, por los lados sentía como a veces el dedo del maestro Beto hacia un poco de presión, pero sin meterse, después volvió a echarse más crema, para de nuevo esparcirla por toda mi colita. 

Maestro Beto. –Muy bien creo que ya es suficiente ahora me voy a echar lubricante en mi dedo y a esperar que se viene lo bueno.

Saco otro tubito con un líquido trasparente y se volvió a embarrar en todo su dedo después llevo de nuevo su dedo a la entrada de mi colita y comenzó a hacer circulitos afuera de ella.

El maestro Beto se acostó a un lado en la cama y después dijo.

Maestro Beto. –Ven Laila acuéstate aquí conmigo vamos a esperar poquito a que las cosa hagan efecto.

Estiro su brazo para que me acostara sobre del, una vez que lo hice tuve por primera vez muy cerca de frente al maestro Beto, su piel se veía muy oscurecida quemada por el sol, contrastaba completamente con la mía que era blanquita, tenía muchas arrugas en sus ojos y muchas verrugas por todo su cuello, olía mucho a sudor y sus brazos eran grandes y gordos, podía sentir su dedo aun en medio de mi colita y como movía de vez en vez sus otros dedos.

Maestro Beto. –Que hermosa eres Laila, eres la niña más bonita que he visto en mi vida, tan obediente y lo mejor de todo es que eres mi amiga.

Las palabras del maestro Beto me hacían sentir muy bien, mis papás nunca me decían palabras así solo que debía esforzarme más o para regañarme o decirme que hacer, pero nunca alababan mi belleza ni nada y estas palabras que me decía el maestro Beto que era la niña más linda me alimentaban mi pequeño ego infantil, sin saber el propósito real de todas estas alabanzas.

Laila.- Si soy la más linda maestro Beto, pues ya van dos veces que gano el concurso de reina de la primavera en la escuela.

Maestro Beto. –Si lose pequeña, por eso te digo tu eres la niña más hermosa y especial del mundo y después de lo que hagamos hoy serás aún más especial y hermosa.

Me dio un besito en la frente, luego uno en mi cachete, después levanto  un poco mi cabeza para comenzar a darme pequeños besitos en mi cuello, sus besitos eran pequeñitos pero seguiditos, me comencé a sentir extraña como relajada una sensación que nunca había sentido, para mí era muy especial que una persona como el maestro Beto (ósea un adulto]), me hieran sentiré así, la verdad es que mi papá no era muy cariñoso conmigo, casi no me daba besitos ni abrazos ni cosas así, y mi mamá muy pocas veces lo hacía, por eso me sentí tan especial cuando el maestro Beto comenzó hacerlo conmigo, sentía como sus labios me daban pequeños besito y sus dedos que seguían jugando en medio de mis nalguitas, era una sensación extraña para mí pero muy placentera.

Maestro Beto. –Cierra los ojitos pequeña.

Como si estuviera hipnotizada cerré mis ojitos sin decir una palabra, las sensaciones que el maestro Beto me estaba haciendo sentir me tenían tan relajada y adormecida que simplemente obedecía.

Sentí como sus labios se estamparon con los míos, pude sentir sus labios descarapelados y algo secos juntarse con los míos, su boca era grande tanto que debió ser dos veces el tamaña de la mía, sentía como su lengua intentaba abrir mis labios, pero era algo raro para mí, sabía lo que era un beso, pues en las novelas que veía mamá y en las caricaturas de princesas eso era de las cosas más especiales que podían pasar, el maestro Beto separo su boca de la mía y me dio otro besito en el cachete.

Laila.- ¿Por qué me beso maestro Beto?

Maestro Beto. –Pues porque estas bien bonita, ¿no te gusto pequeña?

Laila.- solo los esposos se besan maestro Beto y usted no es mi esposo.

Maestro Beto. –No es cierto Laila también los novios se besan.

Laila.- si pero usted tampoco es mi novio maestro Beto.

Maestro Beto. –Lose, pero los amigos también se dan besitos de amistad, ¿o no te gusta que te esté dando besitos?

asentí con mi cabeza, pues la verdad si me estaba gustando los besitos que me estaba dando el maestro Beto, era la primera vez que un adulto me mostraba tanto cariño.

Maestro Beto. –¿Dime Lailita ya tiene novio?

Laila.- jijjijijij, no maestro Beto no tengo novio, aún estoy chiquita.

Maestro Beto. –En eso tiene razón aun estas muy pequeña para tener novio, pero no para coger con señores jajajaa.

Laila.-maestro Beto en la escuela había dos niños que decían que querían ser mis novios.

Maestro Beto. –Vaya pinches chamacos tan precoces, pero no los culpo mira que mirar este culito todos los días, tienen buenos gusto.

Laila.- No debe decir groserías maestro Beto.

Maestro Beto. –Tienes razón se me olvida que estoy en presencia de una señorita, jajaja.

Laila.- uno se llama Iker y el otro Dylan,  Iker va en mi salón y Dylan en el otro grupo y un día a la hora del recreo me dijeron que los dos querían ser mis novios que a cuál elegía.

Maestro Beto. –Jajajaja, esos chamacos calenturientos no saben todavía ni limpiarse la cola solos y ya quieren tener novia.

Laila.- No diga grosería maestro Beto, les dije que no porque aún estaba chiquita y me fui a jugar, pero ellos a fuerzas querían que escogiera a uno.

Maestro Beto. –Esos niños, tu estas muy bonita para ellos, además tu después de hoy vas a estar muy avanzada para ellos, pues ya vas a querer quien te coja no quien te traiga de manita sudada jajaja.

Laila.- Habla muy chistoso maestro Beto.

Maestro Beto. –No cabe duda que los niños de hoy están cada vez más destrampados niños queriendo tener novia a las 5 años y niñas ya cogiendo, es un mundo de locos, jajaja.

Laila.- si esos niños están loquito.

Realmente no entendía que era lo que estaba hablando el maestro Beto, pero a lo poco que comprendía intentaba contestar estar ahí con él me hacía sentir la confianza suficiente para hablar.

Maestro Beto. –No te duele tu colita amor.

Laila.- no maestro Beto.

Maestro Beto. –Jajajajaja y eso que ya tiene todo mi dedo dentro, creo que las cosas si funcionan.




Intenté voltear mi cabeza para ver si era cierto, solo pude ver el moreno y peludo brazo del maestro Beto y como este se alargaba hasta incrustarse en medio de mis nalguitas, el contraste de pieles era muy notorio, no podía ver si era cierto que su dedo ya estaba dentro de mi colita, dolor no sentía solo un poco de presión pero por la plática no me había dado cuanta que también ya se escuchaba un pequeño sonidito como de plo,plo,plo,plo,plo, como  cuando algo entra y sale, al parecer el maestro Beto no mentía y en toda esta platica no había perdido el tiempo y su dedo ya estaba metido dentro de mí.

Maestro Beto. –Que calientito se siente amor, aprieta bien rico tu colita.

Laila.- no siento nada no me duele maestro Beto.

Maestro Beto. –Muy bien amor, ahora voy a intentar meterte otro dedo para ir abriéndote más tu colita para que se pueda comer mi zanahoria.

Asentí con mi cabecita lo que decía el maestro Beto, ese momento ya era especial para mí y no quería arruinarlo.

Maestro Beto. –Mira ya como me tiene Laila.

En todo este tiempo que llevábamos platicando no había volteado hacia abajo, estaba tan entretenida con los besitos que se me había olvidado que el maestro Beto está desnudo de la cintura hacia abajo, y ahora me pedía que volteara a ver su pene que estaba muy parado y algo amoratado.

Laila.- ¿Es su zanahoria maestro Beto?

Maestro Beto. –Sí, anda tócala con tu manita, quiero que la sientas.

Tomo una de mis manos y la lleva hasta la cabeza de su pene, al contacto con su pene él lanzo un fuerte suspiro.

Maestro Beto. –Que ricas manos parecen seda bebé.

Laila.- Esta muy dura y parada su zanahoria maestro Beto, ¿no le duele?

Maestro Beto. –Es por ti Laila, es porque me gustas eres la niña más bonita del mundo por eso esta así, quiere meterse en tu colita.

Me sonroje al escuchar todas estas cosas que decía el maestro Beto era algo muy tierno para mí que el maestro Beto me considerara linda, supongo que el maestro Beto noto que me sonroje porque inmediatamente dijo.

Maestro Beto. –Si Laila eres la niña más bonita del mundo, sabes a mí me gustaría que fueras mi novia.

Las palabras del maestro Beto me sonrojaron aún más, por lo que me estaba diciendo, no conteste solo me quede callada.

Maestro Beto. –Dime Laila ¿te gustaría ser mi novia?

Negué con mi cabecita y dije.

Laila.- No maestro Beto porque todavía estoy chiquita no puedo tener novio.

El maestro Beto soltó una mueca y un sonido como de ironía y después dijo.

Maestro Beto. –Jajajaja, bueno, pero promete que cuando seas más grande vas hacer mi novia, con gusto me espero a que crezcas.

Laila.- si maestro Beto cuando sea más grande voy a ser su novia lo prometo.

Mientras platicábamos el maestro Beto seguía haciendo movimientos en mi colita mientras mi mano se había quedado estacionada en la zanahoria del maestro.

Maestro Beto. –Creo que ya estas lista, ya te entraron los dos dedos, es hora de meter mi zanahoria.

El maestro Beto intento incorporarse, pero una de mis preguntas lo detuvo.

Laila.- maestro Beto cuando mis compañeritos me ven ¿también se les hace así su zanahoria?

Maestro Beto. –Jajajaja, no creo Laila, porque son unos niños, solo a los hombres como yo se nos hace así nuestra zanahoria cuando vemos a una niña linda, a tus compañeritos aún les faltan algunos años para eso, pero te aseguro bonita que en la calle a más de un señor le has de levantar su zanahoria al verte pasar, ya que eres la niña más bonita del mundo.

Mientras me explicaba esto se incorporó por completo, sus palabras me alagaban mucho, después el me ordeno.

Maestro Beto. –Muy bien mi amor ya es hora, ponte de nuevo en cuatro que llego el momento de meterte mi zanahoria.

Hice lo que me pidió y volví a adoptar la posición que desde el principio del juego tenia, el maestro Beto se colocó detrás de mí.

Maestro Beto. –Es hora de ponerte mucho lubricante a ti y a mí zanahoria, mira nada más como tiene tu huequito creo que ya estas completamente lista, jejeje, no creo que me tome tanto trabajo.

Sentí como comenzó a pasar su zanahoria de arriba abajo por todo mi canalito anal, la sentía pegajosa, se escuchaba el ruido que esta hacia y los fuertes suspiros que lanzaba el maestro Beto acompañado de algunos gruñidos.

Maestro Beto. –Esto es la gloria bebé jamás pensé que me tocaría cogerme a una niña tan hermosa como tú, dios estoy en el cielo, voy a empezar a meterlo me avisas si te duele.

Laila.- si maestro Beto está bien.

Comencé a sentir un poco de presión como si algo me empujara por mi parte trasera, el maestro Beto afianzo sus manos en mi pequeña cintura y hacia esfuerzos detrás de mí.

Maestro Beto. –¿Te duele pequeña?

Laila.- no maestro Beto, nada.

Él continuaba, había momentos donde sentía de nuevo ese tipo de presión, pero más fuerte y luego como algo se estrellaba aun lado de mis nalguitas.

Maestro Beto. –Diablos, no puedo meterla está muy apretadita tu colita, jajaja, eres una delicia Laila, todo un manjarcito.

Laila.- No debe mencionar al diablo maestro Beto,  a unas de mis compañeras que les asusta mucho hablar de eso, dicen que es malo mencionarlo.

Maestro Beto. –Ayyyyy, ya está entrando pequeña, ggrrr, ya poco a poco te está entrando queeee delicia, ¿te duele amor?

Laila.- Noo maestro Beto, solo siento que me empuja pero no me duele.

Maestro Beto. –Dios estoy en el cieloooo, ya entro la cabeza de la zanahoria, aaarrr, es mágico, conque así se siente una nena de 5 años, dios que apretadita estas, que rico.

Laila.- es que estoy chiquita, por eso esta apretada mi colita maestro Beto.

Maestro Beto. –Jajajaj, siii debe ser por eso, que rico se siente nena.

Comenzó a acariciarme con su mano mi espalda y luego mis nalguitas, mientras no se movía, por mi parte me quede quietecita solo sintiendo la presión que ejercía sobre mi colita.

Maestro Beto. –¿No te duele pequeña? No te duele que te esté cogiendoooo.

Laila.- Jijii, no maestro Beto no me duele.

Maestro Beto. –Pero que putita me saliste, arrr, eres divina toda una pinche zorrita, Puta barata, arrr, aprietas bien chingón. 

Laila.- no debe decir groserías maestro Beto, jijjijji.

Realmente no entendía casi ninguna de sus palabras solo sabía que pinche era una grosería porque un compañerito del kínder abecés la decía y la maestra lo regañaba, pero a lo demás no tenía ni idea de que el viejo albañil me decía.

Maestro Beto. –Pero si eso eres Laila, una zorrita que está cogiendo por detrás a sus 5 añitos, jajaja, aaann, vas hacer la más puta cuando crezcas, abecés ni las viejas o las putas quieren coger por detrás, ajajaja, que apretadito.

Laila.- no soy una zorrita maestro Beto acuérdese que soy una conejita por eso me está dando zanahoria.

Maestro Beto. –Es verdad, es verdad, eres una linda conejita que le encanta la zanahoria, intentare ir un poco más adentro me dices si te duele.

De nuevo se afianzo en mis pequeñas caderas y volví a sentir como se empujaba hacia mí, regresando de nuevo esa sensación de presión.

Maestro Beto. –Que colita tan maravillosa te cargas bebé, te voy a querer meter mi zanahoria a diario, dime amor ¿vas a dejar que te meta mi zanahoria a diario?

Laila.- si maestro Beto.

Maestro Beto. –¿Si qué? Conejita.

Laila.- dejare que me meta su zanahoria a diario.

Maestro Beto. –Aaaaaa ya no aguanto más. 

Comenzó a empujarme de atrás para adelante, afiance mis manitas a la cama para evitar que me aventara tanto, aunque sus fuertes manos me sostenían de mi cinturita, su respiración se hizo más rápida y de pronto sentí como jalo mi cabello haciendo que llevara mi cabecita hacia atrás.

Laila.- ayyy no me jale mi cabello maestro Beeeeee.

No pude a completar la frase, porque en se momento sentí como algo muy caliente que casi me quemaba estaba entrando a mi cuerpo por mi colita, era una sanción como si me estuvieran vaciando algo dentro de mí, un líquido muy caliente.

Laila.- ayyyy, quema maestro Beto, algo me está quemando mi colita.

Sentí el apriete que, hacia su mano en una de mi nalguita, y esta acción hizo que no me concentrara tanto en lo que pasaba dentro de mi colita, aunque aún tenía la sensación de algo caliente, esta fue disminuyendo, el maestro Beto resoplaba detrás de mí, como si fuera un toro, aunque también poco a poco se fue tranquilizando.

Maestro Beto. –Fue genial, maravilloso, lo más rico del mundo, nunca pensé que se sentiría así y eso que solo fue la cabeza de mi verga.

Sentía como mi colita ardía un poquito por el líquido que el maestro Beto había vertido dentro de mí, sus manos aún continuaban sosteniendo mis caderas, poco a poco sentí como fue haciéndose hacia atrás hasta que se despegó por completo de mí.

Maestro Beto. –Jojojo, vamos a limpiarte un poquito Lailita, mira como dejé tu colita, y eso que solo metí la cabeza, ahora cuando te la meta toda, jajaja.

Tomo mi calzoncito que había quedado a un costado y con ese mismo comenzó a limpiarme mis nalguitas y su zanahoria.

Maestro Beto. –Vaya parece que, si te rellene bien, por más que te limpio sigue saliendo semen de tu colita.

Laila.- siento que sale agüita de mi colita maestro Beto.

Maestro Beto. –Si amor, lo que pasa es que vacié bien mis huevos en ti, por eso tiene mucho semen dentro, jajaja soy el primer hombre de tu vida en depositar semen dentro de tu cuerpo.

Laila.- ¿huevos? Maestro Beto.

Maestro Beto. –Jajaja luego te explico ahora ponte tu calzoncito y vete a comer, tu mamá dejo comida para ti en el refrigerador, come porque ya es un poco tarde.

Laila.- ¿ya no vamos a seguir jugando maestro Beto?

Maestro Beto. –Jajajja vaya que eres caliente nena, en un ratito jugamos de nuevo, mira ve y come y luego ponte a pintar las cosas que te dejaron de tarea en el kínder, cuando sientas que te pica tu colita o una sensación incomoda me vienes a ver al baño para que te ponga más spray y pomada, mientras le avanzo un poco a mi trabajo porque no he hecho nada jajaja, tu papá me está pagando por cogerte, jajajaja.

Hice lo que el maestro Beto me decía, me acomodé mi ropa, me puse mis calzoncitos que estaban húmedos y manchados de semen y después salí a comer lo que me había dejado mi mamá, después de eso me puse a colorear lo que me habían dejado de tarea, mientras pasaba el tiempo, escuchaba que el maestro Beto trabaja en el baño, sentía como agua que salía de mi colita, era una sensación que no me gustaba por lo cual a cada rato sentía la sensación de querer limpiarme, para mí todo había sido un simple juego no podía saber que esa mañana había practicado por primera vez sexo anal, a mis cortos 5 años había perdido mi virginidad anal y en mi inocencia ni siquiera lo sabía lejos estaba de imaginar que esa sería la primera de muchas que le seguirían, mi mamá en su descuido me había dejado en la manos del maestro Beto que iba a saber bien como explotarme al máximo para su placer y satisfacción.

No sé cuánto tiempo habría pasado cuando comencé a sentir una leve picazón en mi colita y una sensación de incomodidad cada vez que me sentaba, entonces me acorde de lo que me había dicho el maestro Beto, así que fui al baño a buscarlo.

Laila.- maestro Beto me puede echar más spray y pomada ya me está empezando a arder mi colita.

El maestro Beto me volteo a ver con mucha lujuria y con una gran sonrisa en el rostro me dijo.




Maestro Beto. –Claro nena, a mí también ya se me está parando la verga solo de acordarme como jugamos hace un rato vamos a tu cuarto de nuevo.

Me tomo de mi mamita y como había pasado hace un rato nos fuimos rumbo a mi cuarto, al llegar el maestro Beto me dio la vuelta y me puso frente de él, comenzó a acariciarme mi carita, mi cabello lo intentaba acomodar con sus manos, era una sensación rara sentir sus toscos y rasposos dedos recorrer mi carita.

Maestro Beto. –Eres hermosa Laila, toda una belleza, apenas puedo creer lo afortunado que soy de que seas mi amiguita.

Sus palabras me gustaban me hacían sentir especial, me gustaba la forma en como me veía, como me hablaba como recorría mi cuerpo, es extraño como una niña asocia las cosas en especial en las figuras masculinas, pero me gustaba mucho la compañía del maestro Beto las cosas que me decían me sonrojaban, no tenía idea que en ese momento él se estaba aprovechando de mí, para mí era como un amigo debía ser.

Laila.- Gracias maestro Beto, a mí me gusta mucho jugar con usted. 

No tenía idea como contestar a todo lo que el maestro Beto me decía y él cómo me hacía sentir, solo quería hacerle saber que me gustaba como me hablaba.

Maestro Beto. –Muy bien pequeña vamos a revisarte, ponte en cuatro como hace ratos.

Inmediatamente obedecí al maestro Beto, y me volví a poner en cuatro sobre mi cama ofreciéndole al maestro Beto una visión que ni en sus sueños hubiera imaginado tener.

Maestro Beto. –Puta que niña tan obediente y que buena estas, apenas puedo creer mi suerte.

Con sus manos volvió a acariciar mis nalguitas, luego sentí como volvió a levantar mi vestido y bajo mi calzoncito hasta mis rodillas.

Maestro Beto. –Si lo tienes un poquito rojito bebé, aunque ya está cerrado de nuevo, jajaja, voy a volver a ponerte spray y la pomada, ¡pero! Cuando ya no te duela te voy a volver a meter mi zanahoria Laila ¿está bien?

Laila.- si maestro Beto está bien.

Tomo el spray y volvió a rociar gran abundancia en mi colita luego con sus dedos rasposos comenzó a esparcir de nuevo la pomada por todo el contorno de mi ano también en gran abundancia.

Maestro Beto. –Creo que ya quedo Laila, ahora vamos a esperar a que hagan su magia y ya no te duelan, mira dame tu manita, quiero que tu sola te piques tu colita, vas a sentir rico, cuando ya no sientas nada te voy a meter de nuevo mi zanahoria.

Tomo mi manita izquierda y llevo uno de mis dedos hasta la entrada de mi colita, sentí como inmediatamente se embarro de la pomada, luego el maestro Beto me indico como tenía que mover mi dedo y lo hice.

Laila.- aun me arde poquito mi colita maestro Beto, siento que mi debito me raspa.

Maestro Beto. –No te preocupes pequeña ya pronto sete ira pasando, pronto se adormecerá de nuevo tu colita, lo que haces ahorita con tu dedo lo puedes hacer cuando estés tu solita para que te vayas acostumbrando.

Se comenzó a quitar su pantalón de nuevo y a mí me dio mucha gracia ya que por su gordura se le dificultaba hacer esto y hacia movimientos muy chistosos.

Laila.- ¿se está quitando su pantalón para dejar salir su zanahoria maestro Beto?

Maestro Beto. –Así es pequeña, mira nada más ya como me tienes.

Me enseñaba lo parado que ya lo tenía moviéndolo de un lado a otro.

Laila.- jijijii, ya está muy grande maestro Beto.

Maestro Beto. –Si pequeña es porque le gustas mucho, quiere volver a meterse en tu colita, jajaja, ¿Por qué no le das un besito?

Laila.- no maestro Beto sabe feo.

Maestro Beto. –Ándale pequeña solo un besito, mira que está muy contento de verte, dale un besito para que le des permiso de meterse en tu colita.

El movía su zanahoria de un lado a otro, de arriba abajo, deleitándose que mis ojitos la vieran mientras me veía acostada en mi cama picándome mi colita con mi dedo como él me había dicho.

Laila.- no maestro Beto está muy fea, jijijiji.

Maestro Beto. –Jajajajaja, sí, pero tal vez si la besas se pueda convertir en un príncipe.

Laila.- ¿Cómo en el cuanto de la princesa y el sapo?

Maestro Beto. –Si justo a mi reina, si la besas y la chupas se puede convertir en un príncipe azul, jajajaja.

Laila.- jijijijij eso no es cierto maestro Beto como se puede convertir en un príncipe si esta pegaba a usted, es mentiroso.

Maestro Beto. –Jajajaja que inteligente eres reina, pero ándale solo dale un besito para demostrar que lo quieres, ándale somos amiguitos Laila por favor.

Las suplicas del maestro Beto me conmovieron además que era verdad éramos amigos y los amigos hacen cosas por ellos.

Laila.- bueno pero solo un besito maestro Beto.

Él maestro Beto se acercó a la cama para que le pudiera dar su besito a su zanahoria.

Laila.- huele feo maestro Beto.

Maestro Beto. –Si es que hace un poco de calor, pero solo dale un besito y ya niña.

Acerqué mis labios y le di un besito a lo que hace una hora había estado dentro de mi colita, el maestro Beto suspiro al sentir el contacto de mis labios con su zanahoria.

Maestro Beto. –Que rico bebé, ahora dale una laminita como si fuera un helado anda Laila hazlo.

Hice lo que el maestro Beto me pedía y saqué mi pequeña lengua y lamí esa amoratada cabeza como si fuera un helado, tres tímidas lamidas fueron suficientes para que mi boca se impregnara con su sabor.

Maestro Beto. –Así pequeña que rica lengüita tienes, ahora métetelo a tu boquita ándale.

Laila.- no maestro Beto sabe feo.

Maestro Beto. –Vamos pequeña solo un poquito, poco a poco te ira gustando su sabor.

Laila.- no maestro Beto no me gusta, sabe feo.

Maestro Beto. –Bueno, bueno ya poco a poco iremos practicando, ya después serás una mamadora experta, jajaja.

Laila.- ya me puede meter su zanahoria maestro Beto ya no siento nada en mi colita.

Maestro Beto. –Jajajaja ¿de verdad quieres que ya te la meta?, si eres una caliente pequeña, vas hacer toda una devora machos.

Laila.- si usted quiere maestro Beto, ya no me duele mi colita.

Maestro Beto. –Jajaja que si quiere claro que quiero prepárate que hay te voy de nuevo.

De nuevo se volvió a afianzar detrás de mí sus manos tomaron por los costados mi pequeña cintura, luego una de sus grandes manos separa mis nalguitas para dar paso a esa sensación de presión que me provocaba la invasión de la zanahoria del maestro Beto en mi colita.

Maestro Beto. –Me dices si te duele bebé, aaahhhh que apretadita estas, que firme y rica esta tu colita bebé, pequeña princesa, mi amor.

Laila.- si maestro, no me duele.

Acariciaba con ambas manos mi espaldita, mi cuerpo, mis nalguitas, las intentaba separar con su mano, después cerrarlas, se notaba que disfrutaba mí cuerpo.

Maestro Beto. –Apenas puedo creer que te esté cogiendo, pequeña, aprietas bien rico, que sensación se siente estar dentro de ti, es placentera, aprietas bien rico, ooooouuuu, naciste para esto pequeña.

Laila.- ¿le gusta mucho meter su zanahoria en mi colita maestro Beto?

Maestro Beto. –Si bebé me encanta, que rica colita tienes, nunca me cansare de jugar contigo.

Laila.- Luego podemos jugar a otra cosa maestro Beto, podemos hacer una fiesta del té.

Maestro Beto. –Ya veremos muñequita, ya veremos.

Estiro su mano hasta tomar un cuadro de una foto mía con mi corona y disfraz de reina de la primavera que ese año había ganado.

Maestro Beto. –Apenas puedo creer que me estos cogiendo a la reina de la primavera, ¿Cómo se llama tu kínder bebé?

Laila.- Voces infantiles maestro Beto y también fui reina de la primavera de la calle, ¿se acuerda ese día que vino?

Maestro Beto. –Como no me voy a acordar si te veías hermosa con tu vestido blanco, bueno tu eres hermosa con lo que te pongas, pero aquí te veías hermosísima con tu traje de mariposa que rica te veías, seguro algún profe cabron ya te ha de andar metiendo mano discretamente si no los conociera a esos cabrones jajaja.

Laila.- Solo tengo un maestro y da clases de música maestro Beto, me está enseñando a tocar la guitarra.

Maestro Beto. –Vaya y de seguro el cabron te sienta en sus piernas para enseñarte.

Laila.- no maestro Beto, cada quien toma la clase desde su lugar.

Maestro Beto. –Jajajaja, pues que pendejo, yo no dejaría pasar esa oportunidad mírame ahora.

Él maestro Beto no se movía me tenían bien afianzada a él, solo podía sentir la presión que ejercía en mi colita, mientras platicamos, la imagen debió ser irreal para cualquiera que la viera, un hombre de cinco o siete veces mi tamaño estaba detrás de mí penetrándome mi colita en mi propia cama.

Maestro Beto. –Te veías hermosa con tu traje de mariposa, a ver si luego te lo pones de nuevo, quiero cogerte con el puesto, jajaja.

Laila.- no sé dónde lo guardo mi mamá, porque en mi ropa no está.

Maestro Beto. –oouuuu, aprietas bien rico Laila, tu colita es divina, cuéntame que hiciste para ganar el concurso de reina de la primavera me gusta escucharte hablar bebé.

Para mí era muy especial que un adulto quisiera escuchar mis historias por lo general a mis papás no les interesaba mucho mis platicas.

Laila.- jijiji, pues desfilamos, use mi traje de mariposa, hice una muestra de talento y dije una poesía.

Sentí como mientras hablaba el maestro Beto comenzó a moverse detrás de mí, sentía como se pegaba y luego se retiraba muy lentamente, sus piernas estaban muy velludas y me causaban comezón cada vez que se acercaban y rosaban mis piernas y mis nalguitas.

Laila.- jijijijj, me hacen cosquillas sus pelitos en mis nalguitas maestro Beto.

La respiración del maestro Beto se escuchaba agitada, como si le faltara un poco el aire.

Maestro Beto. –Si pequeña sigue hablando me encanta tu vocecita, que rico hablasss y que ricooo aprietaaass, poco a poco te estoy abriendo corazónnn, cuéntame ¿Qué hiciste en tu prueba de talento?

El maestro no seso sus movimientos lentos detrás de mí y por mi parte continué gustosa contándole como había ganado mi corona.

Laila.- Pues hice una demostración de ballet, baile y me aplaudieron mucho maestro Beto.

Maestro Beto. –Puesss como no te van a aplaudir al estar contoneando esta linda colita que tiene para todos, jajaja. ¿dime bebé había muchos hombres cuando bailaste?

Laila.- si maestro Beto estaban muchos de los papás de mis compañeritos, mi papá no fue tuvo trabajo ese día pero mi mamá si fue.

Maestro Beto. –oooooruuu, les has de ver levantado la verga a esos señores al verte bailarrrrr, que celoso me pongo, que miren mi colita esos culeros, jajaja ooouuss. Haber amor enséñame como movías tu colita mientras bailabas.




Laila.- ¿quiere que baile ahorita maestro Beto?

Maestro Beto. –No amor solo mueve tu colita como la movías ese día.

Laila.- jijijij, bueno.

Comencé a mover mi colita como me lo pedía el maestro Beto, los sonidos que hacia él se intensificaron a cada movimiento que yo hacía.

Maestro Beto. –Que rico te mueves corazónnnnn, aaarrr que rico, mueves esa colita.

Laila.- Ayyyy, me dolió mi colita.

En uno de mis movimientos sentí como un pinchazo y un dolor agudo que hizo que me detuviera de golpe, he incuso por instinto intente retirarme, pero el maestro me tenía bien sujetada de mi cinturita.

Maestro Beto. –Tranquila bebé debes de moverte con cuidado, si te mueves fuerte te puede doler, ¿mejor dime que poesía dijiste?, que rico movías tu colita.

Laila.- si me dolió un poquito maestro Beto, pues dije una poesía de la primavera.

Sentí como el maestro continuo con su vaivén detrás de mí, era lento pero cada vez que se acercaba sentía un poco de presión.

Maestro Beto. –¿Todavía te acuerda de tu poesía corazón?

Laila.- si maestro Beto.

Maestro Beto. –Haber dímela mientras te cojo, mi reina puta.

No comprendía las palabras que el maestro Beto usaba, pero eso poco me importaba solo hacía caso a lo que él me pedía.

Laila.- La mariposa se posa se posa sobre la flor, alégrate mariposa la primavera llego, vuela, vuela mariposa vuela y vuela sin parar y no olvides que más tarde el verano llegara.

Mientras decía mi poesía, el maestro Beto intensifico sus movimientos detrás de mí, sin llegar a ser muy fuertes, pero si más continuos, por mi parte mientras hablaba volví a afianzar mis manos a la cama para evitar perder el equilibrio ya que los empujones que el maestro Beto me daba eran más fuertes.

Maestro Beto. –AAA  ya no aguanto mássss, toma todo mi semen bebé, tómalo todo.

Volví a sentir los disparos de chorros muy calientes que entraban dentro de mi colita he igual que la primera vez sentí que me quemaban por dentro.

Laila.- AAAYYY maestro Beto está muy caliente me quema mi colita, ayyy .

Quise retirar mi colita, pero el maestro Beto no me lo permitió, me sostuvo con fuerza mientras me decía.

Maestro Beto. –Aguantaaaa pequeña mariposa, uuuff,  yaaa  casi termino de descargarte todooo

Laila.- ayy, ayy, ayyy, ayyy, está muy caliente mi colita.

Maestro Beto. –Ya acabé amor, ya acabé, ya se te pasara bebé, es que tu colita me exprime todo.

Laila.- Esta muy caliente lo que me echa maestro Beto, siento que me quema.

Maestro Beto. –Si bebé es para que te pongas más bonita, ya con el tiempo te iras acostumbrando y ya no te va a quemar, es que me calientas mucho amor, por eso salen así de calientes, me haces terminar muy rápido.

El maestro respiraba muy agitado estaba sudoroso y parecía que le costaba trabajo mantenerse de pie, después comenzó a vestirse miro su reloj y dijo.

Maestro Beto. –Vamos a ver qué tal quedo esa colita, mmmmm pues se ve bien, esta rojita como hace ratos y abiertita pero no se ve mal, creo que todavía aguantas otro más al rato, que linda colita tiene Laila, apenas creo que me la esté cogiendo.

Sentí el vacío que deja en mí la zanahoria del maestro Beto, pero realmente no me dolía.

Maestro Beto. –Vístete Laila, voy a seguir trabajando un ratito y después volveremos hacerlo, te voy a volver a meter mi zanahoria.

Laila.- pensé que íbamos a jugar a la fiesta del té.

Maestro Beto. –Ahorita tengo que apurarle un poco a mi trabajo Laila.

Supongo que el viejo vio un poco mi descontento en mi cara porque luego dijo.

Maestro Beto. –Está bien ve acomodando las cositas y cuando ya las tengas listas vengo y jugamos.

Di un saltito y dije si y comencé a buscar mis juguetes para poder hacer mi fiesta del té, mientras el maestro Beto salía de la habitación a seguir trabajando en el baño de la casa, mientras acomodaba mis cosas volví a sentir esa sensación desagradable de como salía como agua de mi colita y fui al baño a limpiarme, aunque eso no basto ya que apenas caminaba un poco y volvía a sentir húmeda mi colita, así que cada vez que sentía eso me limpiaba solo metiendo mi calzoncito en medio de mis nalguitas.

 

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

No sé cuánto tiempo había pasado, me había cansado de esperar al maestro Beto y me había entretenido jugando yo sola, en ese cuarto donde hace unas horas había habido sexo anal ahora solo había una niña jugando lo más inocentemente posible, pero eso no duraría mucho.

Sentí la mirada del maestro Beto sobre de mí y al levantar mi cabeza él ya me estaba viendo mientras tocaba su entrepierna.

Laila.- maestro Beto ya acomode todo, siéntese ¿quiere que le sirva café? o té o tengo helado también o un postre.

Maestro Beto. –Jejejejej quiero tus nalguitas como postre, jajaja.

Laila.- jijijijij, no maestro Beto esas no se pueden comer.

Maestro Beto. –No bebé lo que quiero es meterte mi zanahoria de nuevo en tu colita ya la traigo parada de nuevo, mira. 

Se bajó su cierre frente de mí y me enseño de nueva cuenta su zanahoria, la cual ya estaba de nuevo parada y muy amoratada.

Laila.- pero ya jugamos mucho a eso maestro Beto.

Maestro Beto. –Vamos a jugar de nuevo Laila y cuando acabemos jugamos al té, además para esa hora ya abra llegado una amiguita para que juegues con ella.

Laila.- ¿de verdad maestro Beto?  ¿Y quién es?

Maestro Beto. –Es una de mis sobrinitas ella va a venir a cuidarte hasta que llegue tu mamá, y jugará contigo a todo lo que quieras, también será tu amiguita.

Me emocione mucho con la idea de que llegara una niña a jugar conmigo y el maestro Beto.

Laila.- siiiiiii.

Maestro Beto. –Pero esa niña solo va a venir si jugamos de nuevo a meter la zanahoria ¿está bien Laila?

Laila.- siii maestro Beto está bien.

Me volví a subir rápido a la cama y a ponerme en cuatro como las otras dos veces sin que el maestro me lo pidiera.

Maestro Beto. –Jajajaja pero que zorrita eres y que rápido estas aprendiendo jajaja.

Laila.- ya le dije que no soy una zorrita soy conejita, por eso usted me da mi zanahoria como se le olvida.

Maestro Beto. –Jajajaj cierto, cierto, pues bueno conejita a darle a la zanahoria porque se hace tarde.  

De nuevo volví a sentir como me subía mi vestido para quedar solo con mi ropa interior que para ese momento ya no era la típica ropa interior de una niña de 5 años pues ya tenía muchas manchas de fluidos corporales, en su mayoría semen para ser exactos, él masajeo por un momento mis nalguitas y después me bajo de nuevo mis calzoncitos hasta mis rodillas flexionadas.

Maestro Beto. –Aaaahhh, pero que rica colita tienes Laila, no me canso de elogiar esta colita, mira nada más que rica esta, y lo mejor de todo es que me la estoy cogiendo.

Escuchaba como el maestro Beto me decía todas esas alabanzas y me gustaba aunque no pudiera comprender casi nada de lo que me decía, pero en mi mente de niña todas las cosas que él me decía eran cosas bonitas, por lo cual moví mi colita de un lado a otro, para mí de una forma chistosa pero supongo que para él fue algo muy excitante.

Laila.- ¿le gusta mucho mi colita maestro Beto?

Maestro Beto. –Me encanta pequeña, es un sueño hecho realidad, pero mira nada más que colita tan bonita, ya está bien rojita, ¿dime amor te duele?

Laila.- no maestro Beto no me duele, solo siento un hormigueo pero no me duele.

Maestro Beto. –Es por el spray y la pomada  aún está haciendo su efecto, bueno hay que aprovechar eso y vamos a darle.

Volvió afianzar sus manos en mi pequeña cintura y luego sentí como su zanahoria recorrían todo mi canalito anal como si fuera una brocha de arriba abajo.

Maestro Beto. –Aaaaahhh , aaaahhhh.

El maestro Beto lanzaba como una especie de gemidos mientras rosaba su zanahoria en mis nalguitas y eso me causaba mucha gracia a mí.

Laila.- jijijijij me hace cosquillas maestro Beto, jijiji su zanahoria me hace cosquillas.

Maestro Beto. –Ssssssss, silencio Laila que tu vocecita de puta hace que termine muy rápido, esta vez no quiero que hables quiero disfrutar más tiempo.

Laila.- ¿entonces no puedo hablar? ¿Qué es puta?

Él estiro sus manos hasta mi boca y simulando que sus dedos fueran una especie de cierre cerró mi boquita.

Maestro Beto. –Sí, bebé así calladita, déjame gozarte rico, pero mira nada más que linda colita me voy a coger.

Él me daba caricias que comenzaban en mi pelo bajando por mi pequeña espalda y terminaban en algunas de mis nalguitas, mientras que su zanahoria seguía recorriendo con enorme gusto mi canalito anal.

Escuche el sonido como de que alguien escupía y luego sentí muy calientita y mojada mi colita, voltee a ver que era y mire que era el maestro Beto quien me estaba escupiendo, esto me dio un poquito de asco he iba a decirle que no,  pero me acorde que no podía hablar según el maestro Beto, así que solo me voltee para enfrente y deje que pasara, después volví a sentir otra gran descarga del spray en mi colita y otro poco de pomada.

Maestro Beto. –Muy bien amor creo que ya estas lista.

Sabía lo que eso significaba por mis más resientes experiencias y me incline un poquito más levantando aún más mi colita para recibir la zanahoria del maestro Beto.

Maestro Beto. –Pero eso es amor, pero que putita eres, ¿dime Laila te gusta los trucos de magia?

Asentí moviendo mi cabecita de arriba abajo, pues no podía hablar como me lo había pedido el maestro Beto.

Maestro Beto. –Pues mira te voy a mostrar un truquito de magia, jajajaja, quiero que mires para abajo en medio de tus lindas piernitas.

Hice lo que el maestro Beto me pedía y mire en medio de mis piernitas solo para mirar la cabeza ancha y morada de su zanahoria asomándose en medio de ellas.

Maestro Beto. –Mira Laila, ahora la vez, ahora ya no la vez.

Me dio mucha gracia ver como cada vez que decía el maestro Beto su zanahoria desaparecía para de nuevo aparecer, tuve que hacer un gran esfuerzo para aguantarme la risa.

Maestro Beto. –Ahora la vez, ahora no la vez, ahora la vez, ahora no la vez, ahora la vez, ahora no la vez, ahora le vez, ahora la sientes.

Cuando dijo esto último sentí una fuerte presión en mi colita seguido de un empujón y después un pinchazo de dolor que por poco me hace gritar.

Laila.- Aaaaahhhh, Aaahhhhh.

Pegue mi carita a mi cama y por instinto agarre con fuerza mis sabanas y las apreté, si no hubiera sido por el maestro Beto que sostenía con fuerzas mis caderitas hubiera quedado tendida en la cama.

Maestro Beto. –Ayyyy que ricoooo. Fuurrrrr. Que apretadita,  esto es la locura.




Intentaba hablar para decirle al maestro Beto que me dolía mi colita, pero las palabras no me salían era como si ese pinchazo que había sentido me hubiera sacado todo el aire de mi pequeño cuerpo imposibilitándome hablar, el maestro Beto no tardo en jalarme de nuevo para atrás y aventarme de nuevo para adelante, sentía el vaivén de hace ratos pero esta vez más fuerte y un poco más rápido que las veces anteriores, con mi carita aun pegada a mi cama y mi pequeño cuerpo en forma de escuadra solo podía aguantar las arremetidas de ese hombre de más de 50 años.

Laila.-OOOOhhhh, ooohhh, oooh, oooh, ay, ayy, ayy, ohhh.

Como podía intentaba volver a llenar de aire a mis pulmones para que me permitieran hablar.

Laila.- OOOOhhh, ohohohoho, oohh,ooh,ohoho, ay, ay, ay ¿Quéee me haceee maestro Betoooo? mmmm ay, ay,ay,ay,ay.

Maestro Beto. –Te estoy cogiendoooo, te estoy cogiendoooo tu colitaaa Laila, te estoyyy cogiendoooo, arrr.

Mientras él hablaba sentí como me apretaba más mis caderas.

Laila.-OOhh, ohohohohoh, ay, ay, ay, me, me, me,mee duuueelee ohohohoh maestroo Beeee. Ohohohoh, ay, ay,ayyyy.

Maestro Beto. –Aguantaaa, zorritaaaa, tu puedes.

Acosté toda mi carita en mi cama, mi lindo cabello rubio estaba esparcido por toda mi cara oscureciendo mi vista, a diferencia de las otras dos veces esta vez podía sentir como la zanahoria del maestro Beto se raspaba dentro de mí, era una sensación rara y dolorosa, ósea era un dolor fuerte pero soportable, los empujones que él me daba me hacían raspar mi carita contra mis sabanas.

Laila.- ohohoohohohoho, ayyy, ay, ayy, ayy, ayy, ayy, ayy, ohohohohohooh, mmmmm ajayyy.

Maestro Beto. –Me aprietas bien rico pequeña tienes un culito delicioso nunca me cansare de cogerte.

Laila.- oohohohohoho, ayy, oh, ay, oh,ay, ohohohoh, ay, yaa, ayaa, ay, ay, ohohoh, ya, ya, ya, ya, ay, ohohohoh,  yaaa, sss, yaaa, ohohoh, yaaa.

Le intentaba decir que ya no aguantaba pero las palabras no me salían podía sentir como entraba y salía la zanahoria del maestro Beto, como la empujaba dentro de mi pequeña colita y como después la sacaba para repetir la acción.

Maestro Beto. –Aguanta pequeñaaa, ya casiiii acabooo, ya casiii acabooo.

Sus palabras me regresaron un poco a mi realidad, sabía lo que eso significaba, volver a sentir esa sensación de ese líquido que me quemaba en mi colita por este motivo intente decirle que no, aunque no sabía bien como expresarlo.

Laila.- no,no,no,no, ay,ay,ay, ay, oohohohohoh nh,nh,nh, no,no,no,no, ohohoho, ay, ay,ay. No,nono.

Los movimientos del maestro Beto aumentaron, mientras cada vez era un poco más brusco conmigo.

Maestro Beto. –Yaaaa, noooo agunato Laila, tooomaaaa, bebeeeeee.

Laila.- Aaaayyyy, Ayyy, Ayyy, Ayyy, Ayyy, Ayyyyy.

Pude sentir claramente como su zanahoria comenzó a vibrar dentro de mí, y cada disparo era como si un lanzallamas me estuviera quemando mi colita por dentro, lo cual me provocaba grititos de dolor.

Maestro Beto. –UUUUUffffff, aaaaaaar.

Laila.- Ayyy, me quema mi colita, ay,ay,ay, me quema mi colita.

Mientras me quejaba el maestro Beto gruñía como un puerco y poco a poco se iba calmando, el dolor como las otras veces fue disminuyendo al igual que el poder de atracción que el maestro Beto ejercía sobre mí, hasta dejarme acostadita en la cama por completo mientras él con sus fuertes brazos sostenían su cuerpo para no caer sobre de mí, pero manteniendo su zanahoria dentro de mi colita.

Por ultimo con la ayuda de su mano, sacudió aun su zanahoria dentro de mí antes de salirse por completo.

Laila.- Ayyyy.

Sentí una sensación de vacío cuando él se retiró, pude sentir como mi colita palpitaba latía como si fuera mi corazón, sentí una sensación de humedad en todo mi canalito anal y de nuevo la sensación de que algo escurría dentro de mí, estaba derrotada no tenía fuerzas para levantarme, apenas estaba recuperando el aliento, mi cabello completamente alborotado tapaba mi carita por completo, mi cara completamente roja, el maestro Beto no decía nada solo respiraba agitado mientras comenzaba a subirse los pantalones,  en ese momento que su teléfono sonó.

Maestro Beto. –Bueno, a que paso Marianita, si estamos bien, todo muy tranquilo, fíjate que Laila se quedó dormida por tanto jugar con mi sobrina, si no se preocupe comió y ya hizo su tarea, no para nada se ha portado muy bien es una niña muy obediente, usted no se preocupe pierda cuidado, si no se preocupe aquí nos vemos en un rato, ándele pues con cuidado.

Lejos estaba de imaginar mi mamá que su pequeña hija de solo 5 años estaba tiraba boca abajo en su cama, mientras le escurría semen por su colita, al que si lo regreso un poco a la realidad fue al maestro Beto.

Esa llamada de mi mamá supongo que hizo meditar al viejo un poco lo que había hecho, y por un momento supongo que se preocupó, acercándose por un lado de la cama con mucho cuidado comenzó hacerme a un lado mis cabellos rubios hasta encontrar mí carita toda roja.

Maestro Beto. –¿Estas bien bonita?, ¿te dolió mucho?

Me lo dijo mientras me daba pequeños besitos en mi cachete y mi cuello, mis hombros y mi espaldita, los cuales me hacían sentir muy bien.

Laila.- si maestro Beto me dolió mi colita.

El maestro Beto sin dejar de darme besitos y apapacharme dijo.

Maestro Beto. –Es normal al principio pequeña, pero ya pronto sentirás rico, tiene que ir acostumbrándote a nuestro juego, ya después veras que podre meterte mi zanahoria en tu colita y ya no te va a doler al contrario sentirás rico.

Continuo dándome pequeños besitos mientras con sus toscas manos sobaba mi cuerpecito.

Maestro Beto. –Bueno princesa déjame limpiarte y echarte más spray y pomada para que ya no te duela ¿estás de acuerdo bonita?

Bajo de nuevo hasta mi colita y comenzó a revisarla con mucha satisfacción.

Maestro Beto. –Jajajaja mira nada más como te deje, tu colita es maravillosa, solo de verla me dan ganas de darle de nuevo, pero ya es tarde, jajaja, rico.

Comenzó a limpiarme con mi mismo calzoncito, por mi parte aun sentía latir mi colita, era una sensación rara, jamás me había sentido así, aunque debo reconocer que las atenciones que tenía el maestro Beto hacia a mí, me gustaban.

Maestro Beto. –Ahora si te dejé abiertita pequeña, y eso que te metí menos de la mitad, pero creo que esta colita si la puede aguantar toda, jajaja.

Laila.- así se sentirá ya siempre mi colita maestro Beto.

Maestro Beto. –No pequeña en un rato se te pasara, tal vez más tarde sienta que te duele poquito, pero no tiene nada de qué preocuparte, es parte del juego en lo que te acostumbras. Laila, ¿no quiero que le vayas a contar nada a tu mamá de nuestro juego, recuerda que es un secreto Laila?.

Laila.- ¿Por qué no le puedo contar nada maestro Beto?

El maestro Beto me respondió con una voz un poco más fuerte y autoritaria.

Maestro Beto. –Porque nos van a regañar, en especial a mi Laila, porque yo vengo a tu casa a trabajar no a jugar contigo y tu papá y mamá seguramente se enojarían mucho si saben que en lugar de arreglar el baño me pongo a jugar contigo, pero a mí me gusta jugar contigo Laila porque somos amigos.

Laila.- A mí también me gusta que juegue conmigo maestro Beto.

Maestro Beto. –Bueno entonces guardaremos ese secreto Laila, para que no me regañen y podamos seguir jugando a meterte la zanahoria, jajajaja.

Era casi como una burla lo que el maestro Beto hacia pero en mi inocencia no alcanzaba a entender los alcances que esos juegos me traerían, no entendía que una niña de mi edad no debería jugar a eso, en mi mente estaba feliz por la forma en como el maestro Beto me hablaba, me tocaba, me daba cariño y ahora confiaba en mí para guardar secretos.

Laila.- Si maestro Beto lo prometo no le diré nada a mis papas de nuestros juegos, no quiero que lo regañen.

Maestro Beto. –Bueno vamos hacer una promesa de relampa amigos.

Estiro su dedo pequeño y lo enlazo con el mío y después dijo.

Maestro Beto. –Esta es una promesa de relampa amigos, yo Laila prometo no decirle nada a mis papás sobres los juegos que hago con el maestro Beto, aunque me duela mi colita, repite eso pequeña.

Laila.- yo Laila,……..

Maestro Beto. –También prometo siempre jugar a que me metan la zanahoria el maestro Beto y a ofrecer mi colita para este juego.

Laila.- También prometo….

Maestro Beto. –En caso de no cumplir con esta promesa que me salga una narizota y que el maestro Beto ya no sea mi amigo.

Laila.- En caso…

Maestro Beto. –Muy bien Laila, ya hicimos nuestra relampamigos promesa, es ano se puede romper o ya no seremos más amigos, te voy a echar la pomada y el spray y volveré a trabajar.

Laila.- si maestro Beto no diré nada, quiero que seamos amigos siempre, siempre y que juguemos.

Maestro Beto. –Jajajaja yo nunca me cansare de jugar con esta colita, jjajja, delicia.

Mientras me decía esto, me volvía a poner con colita levantaba y sobaba con gran gula mis nalguitas, después me coloco de nuevo la pomada y el spray y me dijo que me queda acostada un momento descansando que pronto llegara la amiguita que me había dicho a jugar conmigo.

Me quedé acostadita boca abajo como me había dicho, sentía mi colita latir y un poquito incomoda, pero poco a poco se fue quitando esa sensación hasta que ya no sentí nada, después el maestro Beto me llamo desde la cocina.

Maestro Beto. –Laila tomate esta pastilla, ara que te sientas mejor y que más al rato no te vaya a doler tu colita.

Laila.- pero no me gustan las pastillas maestro Beto.

Maestro Beto. –Anda pequeña has el esfuerzo por mí y mañana te traigo algo que te va a gustar mucho.

Contenta con la promesa del regalo del maestro Beto tomé mi pastilla y me fui a ver la tele, sentía una sensación rara cada vez que me sentaba, pero no me dolía, no paso mucho tiempo hasta que el timbre de la puerta sonó y el maestro Beto fue abrir.

Maestro Beto. –Pinche chamaca hija de tu puta madre, te dije que llegaras a las cuatro y ya son casi las 5 donde andabas pendeja, seguramente andabas de puta por ahí.

Niña desconocida. - No tío es que la combi hizo hartas paradas, y no encontraba bien la asa.

Maestro Beto. –Que mamadas son esas, crees que nací ayer, seguro andaba pendejeando por ahí, pero ya reglaremos cuentas en la casa pendeja, pinche chamaca huevona, pasante ándale, ¿traes las patas limpias? Porque la señora es muy limpia y no quiero que ensucies la casa.

Me asusto un poco el tono de la voz en cómo le habla a ella, parecía que estuviera molesto con ella, nunca había escuchado hablar así al maestro Beto.

Maestro Beto. –Mira Lailita, esta es la amiguita que va a jugar contigo en lo que llega tu mamá, pídele lo que quieras es como tu sirvienta. 

Maestro Beto. –Checa una tarea que tenía la niña y come algo del refri que dejo la señora para ti, al rato que llegue la señora te comportas para que te presente, obedece a la niña en todo lo que quiera jugar, y cuidadita y vayas andar de uña, porque te quemo las manos pendeja.

Me asustaba un poco la forma en que le hablaba, pero pasando eso la tarde fue de lo más divertida posible, ella pintaba, bailaba, jugaba con mis muñecas le gustaban mucho mis juguetes en especial una muñeca que mi abuelita me regalo en navidad, comíamos fruta del refri, bueno la verdad fue una de las mejores tardes, estaba feliz que el maestro Beto y ahora esta niña que se llamaba Yolanda, fueran mis amigos, incluso por un momento casi se me olvida lo que había pasado toda esa tarde entre el maestro Beto y yo, si no es porque cada vez que me sentaba sentía cierta incomodidad en mi colita.




Finalmente, en la tarde mi mamá llego, el maestro Beto le presento a Yolanda y fue todo muy normal, también mi mamá me hizo prometer que no le diría nada a mi papá que me quedaba un rato sola con el maestro Beto y que iba cuidarme esta niña, bueno doble promesa pensé, finalmente el maestro Beto y la que según me dijo era su sobrina se despidieron sabiendo que mañana los volvería a ver saliendo de la escuela.

 

 

Continuara…………

El Espacio de las pequeñitas…. :3 ….



 


 


 


 


 


 


 






 



 

Comentarios

  1. Me encantó el relato! Valio la pena la espera! Me encanta que la putita haya aceptado ser follada por su culito a diario!

    ResponderBorrar
  2. Estaba esperando este capítulo desde hacé mucho tiempo y en verdad fue el mejor espero el siguiente y que no tarde mucho

    ResponderBorrar
  3. Excelentes Relatos,Espero La Continuaccion,Felicidades.

    ResponderBorrar
  4. Este me gusto zorrita pero no piensas poner eñ de la alumna?

    ResponderBorrar
  5. Respuestas
    1. La continuación de esta saga demorara aun, mientras puedes seguir disfrutando de los próximos relatos de otras sagas que se estaran subiendo al blog,.

      Borrar
  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderBorrar
  7. Esta demorado el relato,ya hasta pensé en la siguiente historia y que sucedería

    ResponderBorrar
  8. Podrías aprovechar el gusto de Laila por ser veterinaria para introducirla en la zoo

    ResponderBorrar
  9. Esa inocencia que todavia tiene hace que quiera seguir leyendo esta gran obra

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

¡HOLA! Aclaración para todos.

El manjar del Albañil 2 “Laila”